Página inicio

-

Agenda

2 agosto 2027

COMIENZA LA CUENTA ATRÁS. Pasar a un segundo plano

COMIENZA LA CUENTA ATRÁS (2 de 4)
Pasar a un segundo plano
Luis Miguel Bravo Álvarez

María interviene con decisión. No duda. «Lo que hay que hacer, se hace... Sin vacilar... Sin miramientos…». Se acerca rápidamente a su hijo, a quien expone sin más rodeos la situación:

«No tienen vino» (Jn 2,3).

Quizá el espectador que contempla por primera vez esta escena espera que Jesús actúe con prontitud para solucionar el problema. Al fin y al cabo, se trataba de ayudar a unos amigos y, además, era su misma madre quien se lo había pedido. En cambio, el Señor responde:

«Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4).

Lo que Jesús parece pedir a su madre es que se mantuviera en un segundo plano, para que fueran los discípulos quienes entraran en escena. Cristo no quiere que María intervenga entre aquellos que le traen enfermos para sanar o que le piden que explique una parábola. Ese será el papel de los discípulos.

«No ha llegado mi hora» parece indicar el límite temporal de esta petición de pasar desapercibida: cuando llegue el momento, el lugar de María volverá a estar junto a Jesús. Se ve que ella lo entiende y lo acepta, porque no se la vuelve a ver hasta la crucifixión del Señor. Entonces la encontramos al pie del madero, junto a Juan, y Jesús vuelve a dirigirse a María como hizo en Caná: «“Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Después le dice al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Jn 19,26-27). Con estas palabras, Jesús establece la maternidad espiritual de María. Así, la introduce de una manera nueva en la obra de la salvación, que, en ese momento, queda ya culminada.

De este modo, se ve que la comunión entre Jesús y su madre nunca se ha roto, y que el papel de María vuelve a ser primordial. En esta ocasión, no le pide que dé un paso a un lado, sino todo lo contrario: le confía el cuidado de todos los cristianos. Al mismo tiempo, nos invita a nosotros a que «pongamos también a María en nuestras vidas. En cierto sentido, resulta casi superflua esa aclaración. María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pidiéndole que se manifieste como nuestra Madre».