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9 julio 2027

ORAR EN CUERPO Y ALMA: LA MORTIFICACIÓN CRISTIANA (4 de 5)

ORAR EN CUERPO Y ALMA:
LA MORTIFICACIÓN CRISTIANA (4 de 5)
Jutta Burggraf

Alma y cuerpo, ordenar las pasiones y educar los sentidos

Hay también otro, que tiene que ver con nuestra naturaleza: somos cuerpo y alma. Todas nuestras actividades espirituales se encuentran profundamente unidas a nuestra vida sensible.

Además, nuestra naturaleza humana está debilitada por el pecado. Hay desorden y tentaciones. Oponerse a la realidad y pretender contradecir los movimientos de la naturaleza, resulta del todo inútil. Una empresa con este fin conduciría únicamente a la rigidez de un estoicismo inhumano. Pero sería igualmente erróneo ceder ante todos los deseos y olvidar la realidad que vive cada uno.

Lo más conveniente es aceptarse como uno es. Cuando hay algo en el corazón que contradice al amor, necesitamos sinceridad para reconocer nuestros sentimientos, y no ocultarlos o simplemente reprimirlos; ello sólo conduciría a una actitud convulsiva.

Un cristiano quiere limpiar su “casa interior", cada día de nuevo, para que Dios pueda habitar cada vez más hondamente en ella. Es el otro aspecto de la “mortificación corporal" que, por cierto, es una expresión poco feliz: no se trata de “matar" nada ni a nadie, sino de ordenar las pasiones y educar los sentidos.

Es importante que cada uno encuentre su propio modo de actuar, que le ayude a crecer en el amor y, de paso, a vencer las tentaciones. No hace falta que todos hagan lo mismo. Cada época tiene su estilo particular, su mentalidad, sus costumbres y formas.

Aunque es, ciertamente, más importante la lucha interior, no deberíamos despreciar la exterior que puede prepararnos a ella. Tal vez, el recto significado de la “mortificación corporal" fue tergiversado en el pasado, y se llegó a exageraciones. Por eso, hoy en día, la “mortificación" es rechazada por amplios sectores de la sociedad. Pero no se trata de que, debido a algunas exageraciones conocidas, se renuncie a todo tipo de vida ascética; más bien, la ascética debe vivirse en forma inteligente, prudente y oportuna.

El poner orden en el caos interior que, a veces, tenemos, puede lograrse por amor a Dios, sin miedo ni escrúpulos ni formalismos, con mucha confianza y una gran libertad, y con un corazón generoso. Es una forma de rezar: orar en cuerpo y alma.