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20 junio 2027

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO. Renovar nuestra libertad

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO (6 de 6)
Renovar nuestra libertad
José Ignacio Murillo

Es verdad que no decimos sí a Dios de una vez por todas. Somos seres temporales y debemos renovar y hacer crecer en el tiempo nuestra respuesta. Además, porque estamos llamados a responder libremente, el Señor busca en nosotros una respuesta cada vez más auténtica. A veces incluso parece ocultarse, para que nuestra adhesión se vuelva más libre y más plena, para purificarla de motivos externos y circunstanciales, para que no esté movida por el miedo, sino por el amor. Esta circunstancia no debe inquietarnos. Es una invitación a la fidelidad, que no es la conservación de algo que ya se ha hecho, sino la renovación gozosa, en las más diversas circunstancias, de una donación a Dios que quiere ser plena e incondicionada. La fidelidad nos lleva a volver con frecuencia sobre nuestro sí para hacerlo más pleno y para edificar desde él nuestra vida interior, desde ese punto donde se encuentran la gracia de Dios y nuestra más profunda intimidad.

Recordar con frecuencia que no somos autómatas ni animales sometidos al instinto, sino criaturas libres, con un futuro abierto que depende de nuestra iniciativa, nos ayudará a salir del anonimato y a vivir nuestra vida ante Dios y ante los hombres en primera persona, sin delegar en nadie la responsabilidad que lo acompaña. Así seremos capaces de entablar con Dios un diálogo auténtico, una relación personal en la que pueda fraguar una amistad verdadera y profunda. Y fruto de esta amistad con Dios, nuestra alma se desbordará en una acuciante sed por llevar este Amor de Dios y ese sentido de libertad que lo acompaña a todas las personas. También a través de la amistad, porque, para un cristiano, «la amistad misma es apostolado; la amistad misma es un diálogo, en el que damos y recibimos luz; en el que surgen proyectos, en un mutuo abrirse horizontes; en el que nos alegramos por lo bueno y nos apoyamos en lo difícil; en el que lo pasamos bien, porque Dios nos quiere contentos».