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AL BORDE DEL CAMINO (3 de 4)
Un temblor del corazón
Juan Carlos Ossandón
La cámara hace un rápido movimiento para mostrarnos al Señor, que ha oído los gritos y detiene su caminar: «Se paró Jesús y dijo: “Llamadle”» (Mc 10,49). El Maestro había advertido esa súplica llena de fe y lo manda traer: quiere hablar con él, escucharle, saber qué es lo que quiere. Cuando la reacción de las personas que le rodeaban era la de hacer callar al ciego, Jesús responde llamándole. A él no le molesta que le pidamos ayuda, porque ha venido precisamente para salvarnos.
Con otro veloz cambio de plano, volvemos de nuevo al lugar donde se encuentra sentado Bartimeo y escuchamos con él la invitación a ir a Jesús: «Llamaron al ciego diciéndole: “¡Ánimo!, levántate, te llama”» (Mc 10,49). El Papa nos ayuda a imaginar lo que sentiría en ese momento Bartimeo: «Un temblor se apodera del corazón, porque se da cuenta de que es mirado por la luz, por esa luz cálida que nos invita a no permanecer encerrados en nuestra oscura ceguera. La presencia cercana de Jesús permite sentir que, lejos de él, nos falta algo importante. Nos hace sentir necesitados de salvación, y esto es el inicio de la curación del corazón».
Tras la llamada de Jesús, la vivacidad del relato aumenta y el ritmo de la acción se acelera aún más: Bartimeo –se nos dice–, «arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús» (Mc 10,50). Para comprender la magnitud de este gesto, conviene traer a la memoria un precepto de la ley de Moisés sobre los préstamos: «Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de que el sol se ponga, porque es su única ropa y con ella abriga su piel; si no, ¿con qué va a dormir?» (Ex 22,25-26). El manto era la casa de este ciego, el lugar donde se acostaría para pasar la noche. Sin embargo, ante la llamada del Señor, no duda en prescindir de lo único que tiene. Este detalle del manto, pequeño en apariencia, nos invita a pensar en nuestra reacción cuando notamos que Jesús pasa cerca de nosotros.
«No olvides que, para llegar hasta Cristo, se precisa el sacrificio; tirar todo lo que estorbe».
Cara a cara
No vemos el recorrido hecho por Bartimeo desde que se levanta hasta que llega al Señor. Su movimiento ha sido tan rápido que la cámara nos lo muestra enseguida junto a Cristo. Jesús le preguntó:
«¿Qué quieres que te haga?» (Mc 10,51). La pregunta es idéntica a la que le había dirigido a Santiago y Juan en el episodio inmediatamente anterior (cfr. Mc 10,36). En esa ocasión, la petición de los dos hermanos –sentarse a la derecha y a la izquierda en su reino– no había sido aceptada, porque no sabían lo que pedían.