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PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO (5 de 5)
Caminar con Cristo dejando huella en el mundo
Lucas Buch
La mirada de Jesús nos ayudará a reaccionar con esperanza ante las caídas, los resbalones, la mediocridad. Y no es simplemente que seamos buenos tal como somos, sino que Dios cuenta con cada uno de nosotros para transformar el mundo y llenarlo de su Amor. También esa llamada está contenida en la mirada amorosa de Cristo. «Me dirás, Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer? Cuando el Señor nos llama no piensa en lo que somos, en lo que éramos, en lo que hemos hecho o de dejado de hacer. Al contrario: Él, en ese momento que nos llama, está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de contagiar. Su apuesta siempre es al futuro, al mañana. Jesús te proyecta al horizonte, nunca al museo».
La de Cristo es la mirada del Amor, que afirma siempre a quien tiene delante y exclama: «¡Es bueno que existas!, ¡qué maravilla tenerte aquí!». Al mismo tiempo, conociéndonos perfectamente, cuenta con nosotros. Descubrir esta doble afirmación de Dios es el mejor modo de recobrar la esperanza y de sentirnos de nuevo atraídos, camino arriba, hacia el Amor, y lanzados después al mundo entero. Esa es, a fin de cuentas, nuestra seguridad más firme: Cristo ha muerto por mí, porque creía que valía la pena hacerlo; Cristo, que me conoce, confía en mí. Por eso exclamaba el Apóstol: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?» (Rm 8,31- 32).
De esa seguridad nacerá nuestro deseo de retomar el camino, de lanzarnos al mundo entero para dejar en él la huella de Cristo. Sabemos que muchas veces tropezaremos, que no siempre lograremos realizar lo que nos propongamos… pero que, en definitiva, no es eso lo que cuenta. Importa, en cambio, seguir adelante, con la mirada puesta en Cristo:
«expectantes beatam spem», despiertos y atentos a su alegre esperanza. Él es quien nos salva y cuenta con nosotros para llenar el mundo de paz y de alegría. «Dios nos ha creado para estar de pie. Hay una canción hermosa que cantan los alpinos cuando suben a la montaña. La canción dice así: “En el arte de subir, lo importante no es no caer, sino no permanecer caído”». De pie. Alegres. Seguros. En camino. Con la misión de encender «todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo» que llevamos en el corazón.