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9 agosto 2027

Consagración a la Virgen de Loreto

9 de agosto de 1951
Consagración a la Virgen de Loreto

Vázquez de Prada

El Fundador del Opus Dei

La situación en que se hallaba era muy confusa; y la amenaza, invisible. ¿A quién podía rebatir?; y ¿de qué? No podía permanecer inactivo. Interiormente sentía que una fuerza misteriosa le impulsaba a defender la Obra con uñas y dientes: — hijos míos —solía comentar a quienes tenía entonces a su alrededor—, estoy como un león rugiente, tamquam leo rugiens, en vela, para que el diablo no nos muerda.

Tenía la impresión de que pisaba arenas movedizas. Don Álvaro, para contrarrestar sus inquietudes, le presentaba argumentos de gozo: Padre —le decía—, si va todo bien, si hay muchas vocaciones y, gracias a Dios, hay muy buen espíritu de parte de todos. Pero el Padre insistía en que era preciso hacer algo. Una fuerza divina le arrastraba, por necesidad sobrenatural, a agarrarse al manto de la Virgen, explicaría luego a sus hijos: Como no encuentro en la tierra quien de verdad y decididamente nos ayude, me he dirigido a Nuestra Madre Santa María.

Una vez tomada la decisión, el 9 de agosto escribió a toda la gran familia del Opus Dei, diciéndoles que en la fiesta de la Asunción celebraría la Santa Misa en Loreto:

Y allí, dentro de aquella casita de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, haré la consagración del Opus Dei al Inmaculado Corazón de María.

Después, todos los años, con la fórmula que os enviaré, en todas nuestras Casas y Centros, renovaremos esta consagración.

Va a ser una consagración ambiciosa, porque le consagraremos también los pueblos y naciones que están lejos de su Hijo Divino.

¡Bien propio es de nuestro espíritu! Uníos a mí, especialmente en ese día.

Por esas fechas exhortaba a sus hijos a repetir incesantemente, incansablemente, una jaculatoria que estaba siempre en sus labios: Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!, para que el Corazón Dulcísimo de María protegiese el caminar de la Obra.