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31 de julio de 1929
Mendiga oraciones
Vázquez de Prada
El Fundador del Opus Dei
En Enero de 1929, estando a punto de morir una de las Damas Apostólicas, el capellán le suplicó que intercediera por él desde la otra vida: ¡o santo o muerto!
Recuerdo, a veces con cierto temor —escribirá poco después en sus Apuntes íntimos— por si fue tentar a Dios u orgullo, que, estando moribunda Mercedes Reyna [...], sin haberlo pensado de antemano, me ocurrió pedirle, como lo hice, lo siguiente: Mercedes, pida al Señor, desde el cielo, que si no he de ser un sacerdote, no bueno, ¡santo!, se me lleve joven, cuanto antes. Después la misma petición he hecho a dos personas seglares —una señorita y un muchacho—, quienes todos los días en la Comunión renuevan ante el buen Jesús esa aspiración.
Atendió a la Dama en los últimos días de su enfermedad. Luego don Josemaría buscó su protección, y visitaba con frecuencia su tumba. El 31 de julio comenzó una novena, pidiéndole por sus intenciones, yendo, diariamente, a rezar el rosario de rodillas ante la sepultura de Mercedes. La Obra estaba arrancando y el Fundador se sentía movido a darse totalmente, con generosidad, en holocausto, aunque nunca experimentó la menor inclinación a ofrecerse como víctima. El "victimismo" (la elección espectacular del sacrificio, como desdeñando ofrecer a Dios los sufrimientos y pequeñas cruces cotidianas) era algo muy distante de su modo de ser y de pensar; y, en cuanto a no gustarle, ni la palabra misma le agradaba.