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3 julio 2027

El Levante feliz

3 de julio de 1936
El Levante feliz

Pedro Casciaro

Soñad y os quedareis cortos

A primeros de julio de 1936 empezó el traslado de la Residencia, desde el nº 50 al no 16 de la calle Ferraz, que estaba muy cerca del Cuartel de la Montaña. El día 2 se estaba en pleno traslado: habían salido ya tres camiones para el nuevo sitio y faltaban otros tres. Al día siguiente, 3 de julio, Paco y yo salimos de Madrid para pasar un par de semanas con nuestras respectivas familias. Paco se dirigía a Valencia y yo a Albacete, de donde pensaba trasladarme cuanto antes a Torrevieja. Tenía previsto estar algún tiempo allí y volverme de nuevo a Madrid.

Yo, la verdad, no tenía demasiados deseos de volver a Albacete. Mi padre había colaborado en la propaganda que había dado el triunfo al Frente Popular en las pasadas elecciones, y al ver el talante persecutorio de todo lo religioso que había adoptado aquella coalición, temí un posible enfrentamiento con él; enfrentamiento que deseaba evitar a toda costa. Cuando se lo comenté al Padre, puso las cosas en su punto; me dijo que tenía que ir con mi familia; me aconsejó que viviera, por encima de todo, la piedad filial, y me recomendó que rezara por mi padre y no discutiera con él de política.

Paco viajaba a Valencia con un nuevo encargo: buscar un local que pudiese servir para instalar la futura Residencia a comienzos del curso próximo. El Padre dijo que, en cuanto la encontrara, Ricardo se desplazaría desde Madrid para verla. Se ponía así en marcha un antiguo deseo suyo.

La actitud del Padre, su serenidad y su visión sobrenatural, resultaba particularmente llamativa en aquellas circunstancias de inestabilidad general y de turbulencia política. Diez días después de nuestra marcha, el 13 de julio, la prensa trajo la noticia del asesinato de Calvo Sotelo, líder del Bloque Nacional, por fuerzas del Orden Público. Pero esas dificultades externas no arredraban al Padre: La Obra de Dios -había escrito- viene a cumplir la Voluntad de Dios. Por tanto, tened una profunda convicción de que el Cielo está empeñado en que se realice.