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12 de julio de 1942
La labor con la Sección de Mujeres
Francisca R. Quiroga
14 de febrero de 1930
Al inicio de los años cuarenta, las mujeres del Opus Dei eran un reducido grupo de jóvenes españolas". Recordaba una de ellas, Nisa González Guzmán, que durante el verano de 1942, cuando estaba empezando el centro de la calle Jorge Manrique, un día san Josemaría llamó a Encarnación Ortega y a ella, para explicarles el panorama apostólico que tenían por delante: centros de capacitación profesional de la mujer, residencias universitarias, actividades en el campo de la moda, centros de difusión de la cultura, clínicas en todas las ciudades del mundo... Y, como lo más importante, el apostolado personal de cada una en su trabajo: "un mar sin orillas". Ante su mirada de asombro, el fundador les dijo unas palabras que anotó Nisa: "Ante esto, se pueden tener dos reacciones: una, la de pensar que es algo muy bonito, pero quimérico, irrealizable; y otra, de confianza en el Señor que, si nos pide todo esto, nos ayudará a sacarlo adelante. Espero que tengáis la segunda".
Treinta años después, en 1975, todavía en vida de san Josemaría, la semilla del Opus Dei había prendido en miles de mujeres, en todas las latitudes. Viendo que el espíritu recibido de Dios se plasmaba en personas de tan variada cultura y profesión, de toda edad y condición, no se acostumbraba: se pasmaba ante la generosidad del Señor. El panorama que se percibía en los años finales de la vida terrena del fundador ha ido creciendo tras su fallecimiento: son muchas las mujeres que han descubierto ese "mar sin orillas" que san Josemaría les mostró a partir del 14 de febrero de 1930. Pero describir esa historia debe quedar para otro momento.