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8 de junio de 1963
Reabre el iter jurídico
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
En junio de 1963, muere Juan XXIII. El cónclave elige Papa a Giovanni Battista Montini: Paulo VI.
Escrivá reabre las gestiones.
Álvaro del Portillo va al Vaticano con los papeles y se los entrega al cardenal Confalonieri, que es quien debe juzgarlos. Reponatur in archivio, le dice en latín de burocracia eclesiástica. Y la solicitud de un nuevo estatus, con el que no se pide más que ser lo que de verdad se es, vuelve al rincón del olvido.
Aún habrá dos audiencias privadas, y muy cordiales, de Paulo VI a Escrivá. Al término del primero de esos encuentros, Del Portillo pasó un momento a saludar al Papa. No fue, en modo alguno, un saludo protocolario:
-¡Don Álvaro, don Álvaro...! ¡nos conocemos desde hace, veinte años!
-Desde hace dieciocho, Santidad.
-De entonces a ahora, me he hecho viejo...
-¡Ah, no, Santidad: se ha hecho... Pedro!
Paulo VI entiende -precisamente porque conoce el Opus Dei desde hace veinte años- que lo que el Fundador defiende es la condición secular y libérrima de su gente, "fieles y ciudadanos corrientes", para funcionar con autonomía en todas las actividades honestas de la sociedad civil: poder ejercer la docencia en escuelas o en universidades no necesariamente confesionales; dedicarse al comercio, o a la banca o la crianza de vinos, o a cualquier otro negocio honrado; practicar la medicina, o las artes teatrales, o el periodismo en mass media no católicos; sindicarse, asociarse, hacer carrera en la política, o en el ejército, o en el olimpismo... "Quiero que -para las cosas sociales, políticas, económicas- mis hijos tengan la misma libertad que los demás católicos: ni más, ni menos libertad", dirá Josemaría Escrivá, precisamente porque todos esos renglones, y otros más, se les negaban o entorpecían, al llevar la carátula de Instituto Secular.