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29 junio 2027

Erección del Colegio Romano

29 de junio de 1948
Erección del Colegio Romano

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

Las obras de ampliación de la villa de Bruno Buozzi se intensifican. Siguen viviendo en la portería que llaman el Pensionato. Siempre impulsado por su lema de muchos años antes, "Dios y Audacia", se lanza a erigir el Colegio Romano de la Santa Cruz. Una locura, un sueño... Pero, para más obligarse con Dios, le da hasta la formalidad jurídica de un decreto, que firma el 29 de junio, fiesta de San Pedro y San Pablo, de 1948. En ese texto anuncia que al Colegio Romano acudirán gentes de todas las naciones, para recibir una intensa preparación espiritual, intelectual y apostólica: Con profundos estudios de filosofía, pedagogía, teología, derecho y humanidades, será una escuela donde se formen formadores; una fragua donde se forje el temple de "una raza de fuertes"; una "severa palestra" donde estos muchachos, de todas las razas, culturas y países, se entrenen en una vida de oración, de entrega, de servicio... para después, esparcidos a voleo por todas las partes del mundo, llevar a otros la briosa y atractiva noticia de un ideal capaz de llenar sus vidas.

Esa convivencia entre jóvenes de todas las latitudes, ampliará sus horizontes, sin nacionalismos aldeanos, sin selecciones racistas, sin elitismos de clase. Ahí adoptarán un talante de vida incompatible con cualquier arrogancia: "para servir, servir". De ahí saldrán sabiendo que son "para la muchedumbre".

Tanto a ellos como a ellas, Escrivá les advertirá una y mil y mil veces, que allí no van a hacerse ni superhombres, ni supermujeres. Con gran plasticidad, les hará entender que siempre serán "barro de botijo"..., barro frágil y quebradizo, pero capaz de contener el fino licor de la Sabiduría.

En un rincón de la Villa, una lápida de mármol blanco, visible desde el Cortile Vecchio y la Gallería della Campana, recoge esta idea, con sobrias palabras latinas, fechadas en 1952. Se dirigen al visitante, al residente, al huésped, al hospes que, en el transcurso de los siglos, se aloje en cualquiera de las casas de Villa Tévere

"Estos edificios que ves alrededor, considéralos como las palestras severas de donde saldrá una raza de fuertes, que ha de combatir siempre con alegría y con paz, en todo el mundo, por la Iglesia de Dios y por el Romano Pontífice".

Charlando en despedida con algunos, que han concluido los estudios en el Colegio Romano y regresan a sus países de origen, Josemaría Escrivá expresa lo que cada uno siente en su conciencia:

- Roma os dejará un zarpazo en el alma, una huella profunda y duradera, si habéis aprovechado bien el tiempo. Y sabréis ser hijos más fieles de la Iglesia...