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27 de junio de 1938
El paso al otro lado del frente
John F. Coverdale
La Fundación del Opus Dei
Del Portillo, González Barredo y Alastrué estaban impacientes por dejar la Legación de Honduras e intentar pasarse a la zona nacional, donde podrían reunirse con Escrivá y otros para reconstruir la labor apostólica del Opus Dei. Antes de que el grupo de Escrivá abandonara Barcelona, pidieron permiso a Isidoro para intentar escapar, pero se lo impidió porque consideraba que el riesgo que corrían era demasiado grande. Los meses pasaban y ellos repetían su consulta, pero Zorzano siempre encontraba una razón por la que debían permanecer en la Legación. Unas veces, por pensar que los nacionales estaban a punto de tomar Madrid y que la guerra terminaría entonces. Otras, porque pensaba que podría arreglar las cosas para huir por vía diplomática. Aunque todos los planes se venían abajo uno tras otro, siempre les pedía paciencia.
Aunque en junio de 1938 del Portillo tenía poca esperanza de que Zorzano hubiera cambiado de opinión, le escribió de nuevo y pidió permiso para salir de la Legación, alistarse en el ejército republicano y, una vez en el frente, cruzar las líneas. Unos días más tarde, Isidoro le envió una nota: “Con la ayuda de D. Manuel he pensado detenidamente en tus proyectos [...]. Me parece que puedes realizar tus proyectos, y que D. Manuel y Da María llenen tus deseos, que son los nuestros”.
Del Portillo quedó asombrado: “Precisamente unos días antes supimos que Arquelao, un muchacho estudiante de filosofía de la Congregación de los Sagrados Corazones, que salió con los mismos propósitos del Consulado —el único que había marchado de nuestro refugio para atravesar las líneas del frente— cayó asesinado [...] entre las dos líneas, en el momento en que intentaba el salto. Eran más los que caían en la empresa que los que triunfaban en ella. Y en esos momentos nos concedía Isidoro el permiso, con tal fe en el triunfo humano del intento, que no podía por menos de asombrar la tranquilidad con que se jugaba a cara y cruz —mirando las cosas de tejas abajo— las vidas de varios miembros de la Obra”.
Zorzano explicó que había cambiado su parecer después de pensarlo en la presencia de Dios. Rezando ante un crucifijo en su habitación, Dios le hizo ver no sólo que esta vez el intento tendría éxito, sino que el paso al otro lado del frente tendría lugar el 12 de octubre de 1938, fiesta de Nuestra Señora del Pilar. En Burgos, simultáneamente, Escrivá recibió la misma revelación, y se lo dijo a la madre de del Portillo, que para entonces vivía en aquella ciudad.
En esos momentos, ni del Portillo ni los demás sabían nada de esas inspiraciones. Lo único que sabían era que, por fin, habían sido autorizados para intentar cruzar las líneas. Alastrué se fue de la legación el 27 de junio de 1938 y se presentó en el centro de reclutamiento. Para evitar problemas por el hecho de no haber comparecido cuando su quinta fue llamada a filas, declaró que tenía 28 años, seis más que su verdadera edad. Del Portillo y González Barredo salieron de la legación y fueron a la oficina de reclutamiento pocos días después. El primero se alistó con el nombre de su hermano, siete años menor que él. Los oficiales de la caja de reclutas sospecharon, pero finalmente aceptaron su alistamiento y le citaron cuatro días más tarde para asignarle destino. Por su edad, González Barredo fue destinado a oficinas sobre la marcha. Zorzano pensó que sería mejor que permaneciese en Madrid y no intentase cruzar a la zona nacional.