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26 de mayo de 1964
Su gran humildad
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
Al regresar un día del Vaticano, después de la que sería su última entrevista con Pablo VI, Escrivá llega a casa muy serio, con expresión apenada. Álvaro del Portillo nota que algo ha sucedido. Le pregunta, pero respeta el silencio del Padre. Sólo al cabo de algún tiempo le contará lo que había ocurrido: En plena conversación, Pablo VI se había detenido de repente exclamando:
- ¡Usted es un santo!
La respuesta de Escrivá fue una protesta espontánea, sincera, vivaz:
- Aquí, en la tierra, no hay más que un santo: el Santo Padre. Los demás somos todos pecadores.
Ese comentario del Papa era lo que empapaba su alma de tristeza.
Desde su realismo humilde, se siente en todo momento muy lejos del endiosamiento al que aspira. Sabe que es un hombre que lucha con denuedo y sin rutina, estrenando cada jornada una lucha nueva, en un constante "ahora empiezo": nunc coepi, es la expresión que utiliza. Pero, porque se exige, jamás se entretiene en la autocomplacencia.