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16 de mayo de 1970
Algunos detalles del Padre en México
Inédito
Algunas fechas de la vida de san Josemaría
San Josemaría celebra por primera vez la Santa Misa en México en el oratorio de la casa de retiros, y comienza Novena en la Villa (hasta el 24). En la Villa, entró por la puerta que da al presbiterio, y nada más ver la imagen de la Virgen, se hincó y estuvo de rodillas "sobre el mármol del suelo, sin apoyarse en nada, derecho", inmóvil, casi dos horas, rezando con mucha piedad, hasta que don Pedro Casciaro tuvo que acercarse a él para decirle que había mucha gente de Casa en la Basílica y que estaba llamando la atención de todos.
Don Álvaro contaba lo siguiente, respondiendo a una pregunta sobre qué le había dicho el Padre a la Virgen en esta ocasión: "El primer día, al llegar a la Villa se arrodilló en el presbiterio, y se quedó inmóvil, tan metido en Dios, mirando constantemente al cuadro de la Virgen, que lo que dijo lo sabe Dios y Nuestra Señora; y si lo conozco yo es porque me lo contó en la charla, y por eso no te lo debo contar...".
En una tertulia (27-VIII-95, en México), don Álvaro, ya Padre, comentaba: "es evidente que algo pasó en la Novena de san Josemaría: el primer día, hora y media arrodillado y él sin parpadear. No penséis en cosas extraordinarias, pero algo pasó...". Durante su novena en la Villa, aunque los de la Comisión habían planeado turnarse para acompañar al Padre, por indicación suya le acompañaron todos los días don Pedro, el Dr. Pacheco y Adrián Galván. En una tertulia en Roma el 28 de marzo de 1995 el Padre recordaba la Novena de nuestro Padre a la Villa de Guadalupe: "Fue a Guadalupe para poner delante de la Virgen las espinas que veía clavadas en la Iglesia, y que tenían muchas manifestaciones: en la liturgia, en la disciplina, en la piedad, en la vida de entrega, en la familia...; y le pedía que Ella las llevara ante nuestro Señor, porque con su gracia se convertirían en rosas. Como nuestro Padre se sentía hijo de la Iglesia, todo lo que dañara a su Madre le hacía sufrir muchísimo".
En una Carta del 1 de mayo de 1995 afirmaba don Álvaro, ya Padre: "Me atrevería a asegurar -se lo oí en varias ocasiones- que Nuestra Señora le obligó a emprender aquella romería penitente, porque deseaba que allí, a los pies de esa imagen morena, pidiese su intercesión en favor del mundo, de la Iglesia, y de esta pequeña porción de la Iglesia que es el Opus Dei. Fue a Guadalupe, para rezar por el Papa, por los Obispos, por los sacerdotes, por todo el pueblo fiel. En este contexto de oración universal, abierta a todas las necesidades de los hombres, pedía perseverantemente por el Opus Dei: para que el Señor, en su Bondad y Poder infinitos, protegiera a su Obra y conservara íntegros e inviolados -también mediante la sanción jurídica adecuada por parte de la Autoridad eclesiástica- el espíritu, la naturaleza y los modos apostólicos propios del Opus Dei".
El Padre hace por primera vez su oración en voz alta en la Villa (en la tribuna), durante su novena. El Padre llegó a las cinco y media y al comenzar a subir la escalera de caracol que llevaba al presbiterio se fue la luz. Hubieron de subir a oscuras. Escribía en sus notas don Javier: "... era una escalera de caracol que está como dentro de una columna. Sin luz eléctrica, aquel lugar quedaba totalmente a oscuras, porque no había ventanas. Los peldaños eran de diferentes medidas: como para matarse. Y todo lleno de polvo. Decíamos luego en broma que por allí no había subido nadie desde hacía siglos...". Había un reclinatorio dispuesto para el Padre, que no quiso utilizar. "Se recitaba un misterio del Rosario, despacio; a continuación, nos deteníamos un buen rato para meditar sobre esa escena; a continuación, el misterio siguiente. Al acabar cada parte hacíamos un parón de unos 20 minutos, en los que generalmente hablaba el Padre, haciendo su meditación en voz alta (...) O sea, en total, unos sesenta minutos de oración, dirigida por él casi siempre, aparte del rezo del Rosario despacio (...) Así llegábamos a dos horas largas...". El Padre terminó su novena el 24 de mayo con la seguridad de que la Virgen había escuchado su petición, y así lo comunicó a los que le acompañaron.