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10 mayo 2027

Contradicciones

10 de mayo de 1964
Contradicciones

Ana Sastre

Tiempo de caminar

Esta breve carta cierra una época, porque después del corto período de unas semanas el Fundador dio un leve, pero importante, giro a su modo de enfocar sobrenaturalmente las contradicciones. Un examen cuidadoso del contenido y estilo de su correspondencia nos muestra en qué consiste ese cambio de comportamiento. Un primer indicio aparece en la carta a sus hijos de Inglaterra —del 10 de mayo de 1964—, en la que hace una serie de consideraciones de las que él mismo se sorprende (Perdonadme esa consideración innecesaria, que acabo de hacer. Y en la postdata: ¡Ya veis que hoy mi pluma está llena de consideraciones!). En realidad, al escribir a sus hijos tiene el pensamiento en otro asunto, relacionado con la falta de comprensión de algunos católicos para con sus hermanos en la fe:

A veces, puede sucedernos —cosa que tristemente se ve, con motivo o con ocasión del Concilio— que somos comprensivos y condescendientes con los que no tienen nuestra fe (y esto va bien: es nuestro espíritu desde 1928) y, en cambio, no lo somos tanto con nuestros hermanos (y esto no iría bien: hay que evitar que pueda suceder).

Y más adelante:

Me voy haciendo viejo. Si queréis, diré que voy dejando de ser joven. Quizá sea la razón que me hace considerar tristes experiencias del mundo, que no podrán remediarse hasta que se pueda hablar claro, acabado el Concilio.

Importante era el asunto cuando en otra carta de ese mismo día se apresura a referir al Consiliario de España un suceso reciente, que le lleva a "hablar claro".

Voy a contarte ahora que se me ha avivado la devoción, que en mí es vieja, a Santa Catalina de Siena: porque supo amar filialmente al Papa, porque supo servir sacrificadamente a la Santa Iglesia de Dios y... porque supo heroicamente hablar.

Estoy pensando en declararla internamente Patrona (intercesora) celestial de nuestros apostolados de la opinión pública¡Ya veremos!

El caso es que, en su acostumbrado programa de conducta a la hora de la contradicción (callar, rezar, trabajar y sonreír), sustituyó la recomendación del silencio por la proclamación de la verdad, asumiendo la defensa del honor de Dios, de su Iglesia y del Romano Pontífice. Y luego la puso inmediatamente en práctica.

Este cambio de comportamiento, valiente y caritativo a la vez, responde al propósito firme del Fundador de no tolerar infamias contra Dios y sus servidores. Caso distinto eran las injurias hechas a él personalmente, que estaba dispuesto a seguir aguantando como antes.