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16 abril 2027

Su vida interior

16 de abril de 1962
Su vida interior

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

¿La vida interior de Josemaría Escrivá de Balaguer? Siempre con el paso inseguro, respetuoso y tímido de quien se interna en lo más improfanable de cualquier "tú", se puede decir que -desde muy temprano y hasta su hora final- Escrivá es un hombre que vive de lo que reza y que, con calcada reciprocidad, reza de lo que vive. El argumento de su oración es su propia vida. Y en su vida no hay otro argumento que el de su oración. Dicho de otro modo: Escrivá es un hombre que reza intensamente lo que vive, e intensamente vive lo que reza. Sin quiebras, sin divisiones, sin fracturas, sin sobresaltos, sin interrupciones. La oración, en Escrivá, no es un acotado entre paréntesis, a lo largo de su jornada. No. Es la respiración, es la nervadura, es la savia de todo su actuar. En él vivir y orar jamás se desentienden, jamás se dan la espalda. Más que actividades sucesivas, son actitudes superpuestas: un modo, contemplativamente activo, de estar en el mundo.

Cada instante, incluso durmiendo, llegará a convertirlo en pulso de plegaria. Al despertarse en la noche, se dará cuenta de que "rezaba soñando". Y sabrá que el convertir el sueño en oración es un don. Y el percatarse, una gracia.

En la medida en que a un hombre le es posible, Josemaría no se distrae ¡ni con las distracciones! Con toda naturalidad, como lo más normal del mundo, él va y viene, trabaja, come, habla, estudia, pasea, ríe, canta... siempre consciente de estar viviendo en presencia de Dios.

¿Cuál es la reacción de una persona, cuando intenta encender una cerilla y no prende; y otra, y tampoco prende; y otra más... sin conseguir que arda la diminuta cabeza de fósforo? Lo normal es pasar de la paciente insistencia a un comentario de este tipo: "¡están húmedas!" o "¡qué mal fabrican ahora las cerillas!". Cuando a Escrivá le suceda esto, un día de abril de 1971, queriendo encender una vela ante la vidriera de la Gallería della Madonna, su reacción instintiva, al tercer intento será decir:

- Como nosotros, cuando nos resistimos a la gracia, cuando nos cuesta darnos, y tenemos que decir ure igne, Sancti Spiritu: quema Tú, Señor, con el fuego de tu Espíritu... Se pone un poco de buena voluntad ¡y ya está!

No se distrae ni con las distracciones: Ve una botella de coñac y, fijándose en la etiqueta de la marca "103", comenta que esos números pueden servir como industria de memoria para unirse a la Trinidad Beatísima:

- Dios Uno. Dios Trino... Y el cero soy yo.