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16 de abril de 1962
Su vida interior
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
¿La vida interior de Josemaría Escrivá de Balaguer? Siempre con el paso inseguro, respetuoso y tímido de quien se interna en lo más improfanable de cualquier "tú", se puede decir que -desde muy temprano y hasta su hora final- Escrivá es un hombre que vive de lo que reza y que, con calcada reciprocidad, reza de lo que vive. El argumento de su oración es su propia vida. Y en su vida no hay otro argumento que el de su oración. Dicho de otro modo: Escrivá es un hombre que reza intensamente lo que vive, e intensamente vive lo que reza. Sin quiebras, sin divisiones, sin fracturas, sin sobresaltos, sin interrupciones. La oración, en Escrivá, no es un acotado entre paréntesis, a lo largo de su jornada. No. Es la respiración, es la nervadura, es la savia de todo su actuar. En él vivir y orar jamás se desentienden, jamás se dan la espalda. Más que actividades sucesivas, son actitudes superpuestas: un modo, contemplativamente activo, de estar en el mundo.
Cada instante, incluso durmiendo, llegará a convertirlo en pulso de plegaria. Al despertarse en la noche, se dará cuenta de que "rezaba soñando". Y sabrá que el convertir el sueño en oración es un don. Y el percatarse, una gracia.
En la medida en que a un hombre le es posible, Josemaría no se distrae ¡ni con las distracciones! Con toda naturalidad, como lo más normal del mundo, él va y viene, trabaja, come, habla, estudia, pasea, ríe, canta... siempre consciente de estar viviendo en presencia de Dios.
¿Cuál es la reacción de una persona, cuando intenta encender una cerilla y no prende; y otra, y tampoco prende; y otra más... sin conseguir que arda la diminuta cabeza de fósforo? Lo normal es pasar de la paciente insistencia a un comentario de este tipo: "¡están húmedas!" o "¡qué mal fabrican ahora las cerillas!". Cuando a Escrivá le suceda esto, un día de abril de 1971, queriendo encender una vela ante la vidriera de la Gallería della Madonna, su reacción instintiva, al tercer intento será decir:
- Como nosotros, cuando nos resistimos a la gracia, cuando nos cuesta darnos, y tenemos que decir ure igne, Sancti Spiritu: quema Tú, Señor, con el fuego de tu Espíritu... Se pone un poco de buena voluntad ¡y ya está!
No se distrae ni con las distracciones: Ve una botella de coñac y, fijándose en la etiqueta de la marca "103", comenta que esos números pueden servir como industria de memoria para unirse a la Trinidad Beatísima:
- Dios Uno. Dios Trino... Y el cero soy yo.