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7 marzo 2027

Traslado a Cavabianca

7 de marzo de 1974
Traslado a Cavabianca

Ana Sastre

Tiempo de caminar

El Padre insiste en la necesidad de buscar una casa espaciosa, porque la llenarán personas de todo el mundo. Les urge con un argumento que cuesta trabajo entender:

-«Se me hace de noche, hijos míos; ¡hay que correr!».

Parece que el Padre barrunta que le queda poco tiempo. Quiere dejarles, firmes, los cimientos de la Obra y cumplir cabalmente aquello para lo que Dios le llamó.

A todos les ilusiona encontrar algo que ya esté construido, con tradición, y que permita contar con una base de partida. Durante mucho tiempo, lo único propio del Colegio Romano será la primera piedra. El Padre llama así a la imagen de un Niño Jesús, réplica a mayor tamaño de la que se conserva en el «Real Patronato de Santa Isabel» de Madrid, a la que tiene un gran cariño.

«Para el Colegio Romano de la Santa Cruz, cuando tenga su sede definitiva. Es la primera piedra que hemos preparado para allá, porque nuestra vida entera ha de fundamentarse en la vida del Señor, desde que nace en Belén hasta que muere en la Cruz».

Terminada en 1960 la construcción de “Villa Tevere” y en 1963 la sede del Colegio Romano de Santa María, la búsqueda comienza a hacerse más activa; sin prisa, pero sin pausa.

Se visitan los barrios de Roma, cribando posibilidades entre las fincas del casco urbano. Pero, de pronto, aparece una nueva opción en unos terrenos situados fuera de la ciudad, que reúnen buenas cualidades: a las afueras de Roma, con un panorama espléndido y, también, con su poquito de historia.

El nombre que se dará a la sede definitiva del Colegio Romano, Cavabianca –cantera blanca-, no es necesario inventarlo. Se llaman así estas tierras. Bordeadas por la vía Flaminia-una de las rutas consulares que confluyen en la Capital del Imperio romano-, se asoman al hondo cauce del Tíber, que en algunos puntos llega a estar casi cuarenta metros bajo el nivel de la campiña. La via Flaminia, después de cruzar el Tíber por el histórico puente Milvio, entra en la ciudad por la Porta Flaminia y, a través de la Piazza del Popolo y Vía del Corso, llega hasta el Capitolio, corazón de la Roma antigua. Cavabianca se encuentra en una zona más amplia llamada Saxa Rubra -rocas rojas-, donde muchos cristianos sufrieron martirio durante los tres primeros siglos: aquí acampó Constantino antes de la batalla del Puente Milvio, en que venció a Magencio en el siglo IV, inaugurando una etapa de paz para la Iglesia.

Un día de noviembre de 1967, el Padre pasa junto a los terrenos. Le gustan mucho. Y comenta a sus hijos:

«A finales del próximo mes quizá se tenga el terreno para el nuevo Colegio Romano (...).

Será como un pueblo, lleno de pequeñas villas familiares, con jardín (...). Al decidir esto, pienso en los que vengan detrás: a mí se me hace de noche. Es muy bonito plantar árboles de cuya sombra no gozaremos, para que los disfruten los que nos sigan».

Los arquitectos inician el trazado de sus planos. Mientras tanto, se van reuniendo muebles y elementos decorativos. Serán restaurados y almacenados en espera de futura instalación, a veces con indicaciones precisas del Padre.

«Estoy pidiendo a tantas personas que nos quieren, muebles simpáticos para el soggiorno, para la casa, de modo que sean recreo de los ojos y descanso del alma. Hay gente por ahí que no lo comprende: no se dan, cuenta de que el ambiente de nuestros Centros es un ambiente de hogar, de familia».

En los comienzos de 1971, el Fundador anuncia que se empieza a cimentar Cavabianca. «Vamos a comenzar las obras allá arriba, en Cavabianca, con dinero que no es nuestro, con el fruto del trabajo de muchos hermanos vuestros, y con la ayuda de muchas personas que ni siquiera son cristianas».

Y algunos meses más tarde:

«En todo el mundo hemos comenzado a preparar instrumentos de trabajo sin dinero. Yo lo había hecho antes muchas veces; pero desde hace años tenía el propósito de no volver a obrar así. Sin embargo, pensando que el bien de la Iglesia y el bien de la Obra (...) hace conveniente que muchos hijos míos pasen por Roma, hemos comenzado a construir Cavabianca con pocas liras. No quería repetir esa locura, pero ya estamos metidos en esta tarea.

Quizá sea la última locura de mi vida; ¡he hecho tantas, por amor de vosotros y de vuestros hermanos!».

Las obras comienzan el 9 de enero de 1971, día en que el Padre cumple 69 años. El 7 de marzo de 1974 ya podrán trasladarse a Cavabianca algunos alumnos del Colegio Romano y el grupo de la Sección de mujeres que se va a hacer cargo de la Administración de todo el grupo de edificios.

Los dos primeros altares que el Padre consagra son los de Nuestra Señora del Buen Consejo y el de Santa María Reina, en la casa de la Sección de mujeres. La ceremonia tiene lugar el 5 de abril de 1974.

La imagen que preside el oratorio de Santa María Reina. tiene una historia larga y entrañable. Su procedencia es suiza, y la consiguieron algunos italianos de la Obra para llevarla al Padre. Cuando llegó a la Casa Central de Roma seguía siendo una preciosa talla de la Virgen, de tamaño natural, entronizada y con el Niño en los brazos, pero estaba muy deteriorada por el tiempo y la inclemencia.

Cuando el Fundador la vio por primera vez, sintió el aguijonazo de la emoción:

-«¿De dónde te habrán echado, Madre Nuestra? ¡Eres muy hermosa! Quizá estabas en una catedral o en una iglesia muy grande y a ti acudían miles de almas a rezarte. ¡Bienvenida a nuestra casa, Madre nuestra! Te queremos mucho, y procuraremos demostrártelo con obras».

Un pequeño grupo de personas asisten a esta escena de cariño filial y auténtico. Desde ahora hasta su colocación en un oratorio, la imagen tendrá siempre, a sus pies, un jarrón de rosas frescas. Un sacerdote mexicano, artista, se hará cargo de su restauración. Y, en palabras del Padre:

«Como además de ser artista es un hombre de amor, de corazón, como vosotros y como yo -es un enamorado porque la vida nuestra es vida de amor; si no, no vale la pena-, en varios sitios del vestido de la imagen -y casi invisible- escribió: amo-te, amo-te».

En octubre de 1974 la construcción de todos los edificios está muy avanzada a excepción de algunas zonas como el oratorio central, dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles.

Cavabianca es, entero, un recuerdo del Fundador, pero muy en especial este oratorio y la ermita de la Santa Cruz. Porque han pasado por sus manos y su corazón todos los detalles del proyecto.

En el anteoratorio de Nuestra Señora de los Ángeles se instala una imagen de San Pío X, el Papa Santo a quien tanta devoción y cariño tiene Monseñor Escrivá de Balaguer. La modeló Sciancalepore en 1971. El Santo Papa aparece revestido con capa pluvial, el rostro sereno, casi sonriente, como se le ve en los comienzos de su Pontificado, y no agobiado por el peso de la Iglesia, con la expresión dolorida de sus últimos tiempos, por los males que afligían a la humanidad.