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21 marzo 2027

“He ido al Sagrario a quejarme... cariñosamente”

21 de marzo de 1968
“He ido al Sagrario a quejarme... cariñosamente”

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

Aquella mañana de marzo de 1968, Escrivá tiene una reunión con directoras del Opus Dei venidas a Roma, de diversos países, para una convivencia especial. A las diez en punto, entra en el soggiorno de La Montagnola. Lleva gafas oscuras y una vieja capa negra, que tiempo atrás, le regaló un militar irlandés, el padre de Olive y de Dick. Nada más sentarse, les comunica que acaban de darle una dolorosa noticia: Wladimiro Vince, un sacerdote croata, miembro de la Obra, ha muerto en accidente aéreo en la Isla de Guadalupe. Wlado Vince conoció el Opus Dei exiliado y refugiado en Italia, durante la guerra mundial. El hizo la traducción de Camino al croata.

- He ido al Sagrario a quejarme... cariñosamente, pero a quejarme..., porque se me hace cuesta arriba entender cómo el Señor, teniendo tan pocos amigos en este mundo, se lleva a quienes tanto podían servirle, con la falta que hacen... Después, como siempre, he acabado aceptando la voluntad de Dios y diciéndole: Fiat, adimpleatur... Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima voluntad de Dios sobre todas las cosas. Amén. Amén.

La voz se le quiebra. Traga saliva. Se le ve hacer esfuerzos para articular las palabras. Enseguida, poniéndose de pie, pide que le disculpen: "No puedo seguir hablándoos... perdonadme, hijas". Y sale de la habitación.

Al día siguiente, a la misma hora, vuelve al soggiorno. Su aspecto ha cambiado. Incluso parece contento. Les cuenta lo que acaba de saber: desde Venezuela, dos o tres miembros de la Obra, uno de ellos sacerdote, se trasladaron a la Isla de Guadalupe, en un avión que fletó la Air France para familias y allegados de las víctimas del siniestro aéreo. El lugar era un caos de cenizas y destrozos: restos de avión, cadáveres y equipajes calcinados y esparcidos. Por la descomposición orgánica, olía pestilentemente... Poco a poco, los parientes que habían ido hasta allí para identificar a los pasajeros muertos, a la vista del horrendo espectáculo, se retiraron hacia el avión. Sólo los del Opus Dei permanecieron en aquel sobrecogedor escenario, hasta dar con algunos objetos personales de Wladimiro, que más tarde, junto con un álbum de fotografías, harían llegar a Croacia, donde vivía su madre. Mientras dos de ellos proseguían la búsqueda, el sacerdote rezó varios responsos y, en un lugar próximo, celebró algunas misas por las almas de los fallecidos en el accidente.

Escrivá concluye su relato comentando, a las de La Montagnola:

- Dios me ha dado, junto al inmenso dolor, este consuelo, esta alegría de palpar una vez más que somos una familia y que nos queremos de verdad: vuestros hermanos han hecho por Wlado más que lo que algún marido ha hecho por su mujer, más que lo que algún padre ha hecho por su hijo..., han hecho lo que otros, siendo de la misma sangre no han tenido el valor de hacer. Vividme siempre, hijas, esta fraternidad bendita... Incluso, con heroísmo.