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5 de febrero de 1946
Fundación definitiva en Portugal
Ana Sastre
Tiempo de caminar
Sor Lúcia es religiosa Dorotea y reside en Tuy desde 1945. Coincidiendo con el viaje de Monseñor Escrivá de Balaguer, el Obispo le pide que suba al Palacio Episcopal para tener un encuentro con el Fundador del Opus Dei. Sor Lúcia describirá aquella primera entrevista y dejará testimonio escrito de este diálogo, después de la muerte de Monseñor Escrivá de Balaguer en 1975:
«Todas cuantas veces he hablado con Mons. Escrivá he sacado la impresión de que era un alma llena de amor de Dios y de amor a Nuestra Señora, a la Santa Iglesia, al Santo Padre y a las almas, que trataba de salvar a todos con todos cuantos medios disponía. Espero que en el Cielo, cerca de Dios y de la Virgen, se acuerde de mí».
Las entrevistas de este primer viaje del Padre, acompañado por don Álvaro y Monseñor López Ortiz serán muy positivas. Tanto el Obispo de Leiría, como el de Coimbra y el Cardenal Patriarca de Lisboa, le aconsejan que la Obra empiece en la Ciudad Universitaria de Coimbra, a la que acuden anualmente miles de estudiantes. Así se hará. Desde el 5 de febrero de 1946 está en la Ciudad del Mondego Paco Martínez, que establece contacto con profesores y alumnos de las Facultades. Entre ellos, Mario Pacheco, que habrá de ser el primero que pida la admisión en Portugal; porque, de hecho, el primer portugués ya está en la Obra: se trata de Armando Serrano, que ha llegado al Opus Dei durante el curso 1943-44 en Madrid. En esa fecha es residente del Colegio Mayor Moncloa. Ahora, el puente queda definitivamente tendido para que sus compatriotas llenen de caminos del mundo.
En junio y septiembre de 1945, el Fundador, acompañado de don Álvaro del Portillo y Amadeo de Fuenmayor, ha cruzado de nuevo la frontera portuguesa y visitan al Cardenal Patriarca de Lisboa, Monseñor Manuel Goncalvez Cerejeira, y también al Obispo de Coimbra, don Antonio Antunes, para testimoniarles, una vez más, su absoluta disponibilidad y amistad. De ahí que, cuando sus hijos llegan, las autoridades eclesiásticas les reciben con gran cariño. El Obispo Antunes dirá en una ocasión, a Paco Martínez, que la labor del Opus Dei es como la lluvia fina y permanente que, con suavidad, empapa la tierra y la hace fértil. La lluvia fuerte, en cambio, arrasa y desola los campos. Ni el bien hace ruido, ni el ruido hace bien.