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4 de noviembre de 1939
La vida en la residencia Jenner
Onésimo Díaz
Posguerra
El último día que Portillo cumplió con su encargo de escribir el diario anotó que aumentaba el número de jóvenes que acudían a estudiar en la biblioteca de la residencia y que cada vez eran más las clases del curso de San Rafael. Un aspecto importante de la vida en Jenner era la piedad. El fundador sugería a los residentes dedicar algunos ratos de cada día a orar en la capilla de la residencia o en otro sitio. No era obligatoria la asistencia a Misa en el oratorio, de ordinario antes del desayuno. Los residentes rezaban a diario el rosario en la residencia después de la cena. Además, el fundador sugería a los estudiantes rezar más misterios del rosario por la calle, en el tranvía, en el metro o en cualquier lugar, pasando las cuentas del rosario con la mano en el bolsillo. Por otro lado, dedicó parte de su tiempo a escuchar a quienes querían hablar con él, tratando de ayudarles en su vida cristiana. Cada noche, antes de acostarse, en el oratorio se escuchaba el comentario del Evangelio del día y se hacía a continuación unos minutos de examen de conciencia.
Según el reglamento de la residencia, todos los que habitaban en Jenner debían acomodarse al régimen interno y al horario, y solamente se consideraban actos colegiales el rosario y la visita al Santísimo:
Todos los días se celebrarán en el Oratorio de la Residencia actos religiosos. La asistencia es voluntaria, salvo el rosario, al que asistirán todos así como la visita al Santísimo después de la comida del medio día.
En el primer domingo de noviembre se celebró un retiro espiritual. Los retiros se desarrollaban desde primera hora de la mañana hasta media tarde. Se iniciaba con una meditación predicada por el fundador y, a continuación, la Misa. Además, se rezaba el rosario, se hacía el vía crucis, se leían unas páginas de un libro de espiritualidad, y se terminaba con otra meditación y la bendición con el Santísimo Sacramento.
La meditación consistía en un rato de oración mental, de media hora de duración. El fundador comenzaba de rodillas rezando una oración introductoria. Después se sentaba en una silla, y leía el Evangelio apoyado en una mesa iluminada por una lámpara y presidida por un crucifijo. Solía comenzar con la lectura de un pasaje de la vida de Jesucristo de una manera viva y directa, intentando que los oyentes se metieran como un personaje más en la escena comentada. Antes de terminar la media hora de oración mental acudía a la intercesión de la Virgen María. Por último, rezaba arrodillado una breve oración final.
Algunos domingos, Rodríguez Casado y Botella organizaban excursiones, que consistían en caminar desde Jenner hasta algún lugar cercano de las afueras de Madrid, como el Cerro de los Ángeles o El Pardo, alrededor de treinta kilómetros de caminata en total. Cuando Rodríguez Casado conseguía coche se desplazaba más lejos con unos pocos, como una excursión a Valdemoro en la que recorrieron alrededor de sesenta kilómetros. Bastantes jóvenes iban a pasear por las calles de Madrid o dar una vuelta al parque del Retiro. Allí se podía alquilar una barca y remar en el estanque. Muchos domingos por la tarde se disputaba un partido de fútbol.