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25 de noviembre de 1949
La primera casa en México
Pedro Casciaro
Soñad y os quedareis cortos
Durante ese primer periodo fui el único sacerdote del Opus Dei en México. Sin embargo, a pesar de la lejanía de Roma, sentía la compañía constante del Padre, gracias a sus frecuentes cartas, breves y animosas, escritas con su trazo fuerte característico. En el mes de julio contaba: estuvieron a comer con nosotros en mayo el Arzobispo de México y los obispos de Veracruz y Tacámbaro. En la misma carta nos decía: querría enviaros pronto otro sacerdote: a ver si puede ser a principios del cincuenta. Y también querría enviar a las chicas. ¿Por qué no pensáis en una casa donde pudierais tener administración?
En agosto de ese mismo año, después de ponerme al tanto del mucho trabajo que suponían las obras en Villa Tevere, concluía: ¡Cuántas ganas de abrazaros en ese bendito México! Un abrazo muy fuerte y la bendición de vuestro Padre. Seguía firmando Mariano, como lo hacía durante la guerra civil española.
El 25 de noviembre de 1949, nos escribió desde Milán donde estamos preparando el arreglo de esta casa y camino de Austria y de Alemania; vamos a echar una ojeada con vistas a abrir un par de casas también cuanto antes, con la ayuda de Dios. Nos pedía por esas fechas que encomendáramos las cosas que ahora llevamos entre manos, porque importan mucho para toda la Obra. Y nos decía con frecuencia: tengo muchos deseos de que vayan vuestras hermanas. Y más deseos de enviaros un par de sacerdotes.
Las primeras mujeres del Opus Dei llegaron a México en marzo de 1950. Y un año después, en 1951, llegó un sacerdote, don Emilio Palafox. Hasta que no llegó don Emilio, me confesaba habitualmente con Mons. Gastone Mojaisky-Perreli, consejero de la Delegación Apostólica en México, que tenía mucho cariño a nuestro Fundador y admiraba el celo apostólico del Opus Dei.
En el número 70 de la calle Nápoles comenzamos, siguiendo los pasos de nuestro Fundador, una Residencia de estudiantes.
Nuestro primer residente, que fue más tarde miembro del Opus Dei, vino de Yucatán. El segundo, de Michoacán. Era una casa simpática, pero no reunía las condiciones necesarias para que las mujeres del Opus Dei pudieran asumir la administración doméstica. Así que cuando llegaron a México las primeras mujeres del Opus Dei, no se ocuparon de esta tarea sino que crearon la primera Residencia para universitarias, en la calle de Copenhage.
Poco después se fueron desocupando tres casas vecinas a Nápoles 70. Y, a pesar de nuestras penurias económicas, que me evocaban las de la Residencia DYA, siguiendo de nuevo los pasos de nuestro Padre hicimos un acto de fe: dejamos el número 70 de la calle Nápoles y nos fuimos a ocupar tres casas gemelas, en los números 64, 66 y 68.