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21 de noviembre de 1937
Paso de los Pirineos
François Gondrand
Historia del Opus Dei y de su Fundador
El que hace de guía ahora, en este 21 de noviembre, les aconseja no pasar la noche donde están. Pasarán la noche en un horno de pan situado en una casa contigua.
Agotados, todos se duermen enseguida, pero el Padre no puede conciliar el sueño. ¿Ha hecho bien lanzándose a esta aventura y dejando atrás a los que quedan perseguidos? Partir, ¿no es abandonarlos...? Pero, por otra parte, ¿cómo continuar trabajando en lo que Dios quiere...? Una y otra vez, sin descanso, suplica al Señor que le haga ver cuál es su Voluntad. ¿Proseguir o dar marcha atrás...?
Por fin, invoca una vez más a la Virgen y le pide que le muestre el camino a seguir mediante una señal precisa que él mismo sugiere a la Señora.
Por la mañana, muy temprano, se levanta, sale del lugar donde han pasado la noche y, al cabo de un rato, regresa con la cara radiante y una rosa de madera estofada en oro en la mano.
Inmediatamente, pide a los que le acompañan que dispongan lo necesario para celebrar la Santa Misa.
Ante su cambio de actitud -le han oído sollozar por la noche- comprenden que ha sucedido algo extraordinario. Con todo, nadie pregunta nada.
Después de la Misa, reanudan la marcha hacia los Pirineos. El Padre, que lleva con él la rosa estofada, avanza con paso decidido.
Durante una hora larga, caminan por el bosque de Rialp, donde permanecerán escondidos esperando la ocasión propicia para emprender la ascensión. Allí, se unen a ellos otros dos amigos: Tomás Alvira y Manuel Sainz de los Terreros.
Al día siguiente, por la mañana, el Padre celebra Misa sobre un altar improvisado, formado con unas piedras grandes, y les dirige unas palabras.
Durante cinco días, se entrenan para aguantar la prueba que les aguarda: hacen ejercicios físicos, caminan por el bosque... Y para no olvidar sus actividades profesionales, dan charlas, por turno, sobre sus distintas especialidades.