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12 noviembre 2027

Prepara la audiencia con Pío XII

12 de noviembre de 1946
Prepara la audiencia con Pío XII

Vázquez de Prada

El Fundador del Opus Dei

El 8 de noviembre estaba ya de vuelta en Roma y cuatro días más tarde tuvo una entrevista con Mons. Montini, de la que hizo una breve y ordenada relación, que comienza así:

Roma, 12 de noviembre de 1946.

He visitado a Mons. Montini. Cuando voy al Vaticano y veo cómo y cuánto nos quieren, bendigo mil veces al Señor por lo que hemos sufrido. De seguro que aquella Cruz nos ha llevado a esta resurrección.

La segunda audiencia del Fundador con el Papa Pío XII fue concertada por Mons. Montini para el 8 de diciembre. A medida que se acercaba esa fecha se notaba en el Padre una cierta impaciencia. En realidad no era otra cosa que la emoción nacida de la fe, al considerar que iba a entrevistarse con el Vicario de Cristo en la tierra.

En vísperas de esa audiencia vació preocupaciones y cuidados de gobierno en una carta de apretado contenido, dirigida a los del Consejo General de Madrid. La multitud de asuntos que allí toca es indicio de lo que llevaba en la cabeza. El recorrido de materias, personas, sucesos y circunstancias es tan formidablemente exhaustivo, que resulta increíble que pudiera estar pendiente de tanta cosa —grande y chica— como retenía almacenada en su memoria. Mayor asombro causa, sin embargo, pensar que le cabían en el corazón, porque no hay cuestión, por insignificante que parezca, a la que no aplique sus cinco sentidos; ni hace mención de una persona sin que agregue un sentimiento de cariño. Por todo lo cual, fácilmente se ve en qué consistía la carga de gobierno que pesaba sobre sus hombros y cuánta la solicitud que ponía. Todos los problemas del Opus Dei, en cuanto negocio divino y humano, venían, sin remedio, a parar en el Padre, siempre ocupado de la buena marcha de una empresa en creciente volumen de almas y asuntos que, aunque heterogéneos, mantenía simultáneamente vivos en su espíritu.

A través de su estilo —espontáneo, franco y trasparente— podemos contemplar la bullente actividad del alma que lo inspira. He aquí los últimos párrafos de la mencionada carta del 6 de diciembre:

—Está visto que pasaré estas Pascuas en Roma. No nos olvidéis: yo estaré, con el espíritu, en cada casa. Es una pena grandísima que no podamos disponer del dinero, ahora mismo, para vivir de veras en nuestra casa de Roma las primeras Navidades de la Ciudad Eterna. ¡Eterna! Aquí todo es algo eterno. Es menester tener paciencia. Todas nuestras cosas van muy bien, pero con excesiva calma.

—Escribo con una pluma que me pone nervioso. Paciencia también. Pienso en la que ha tenido que derrochar Nuestro Señor, para escribir páginas tan hermosas con este instrumento de basura que soy yo.

Os quiere, os abraza y os bendice vuestro Padre. Mariano.

En la fiesta de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre, tuvo lugar la audiencia, en la que informó largamente al Santo Padre acerca del espíritu de la Obra y de sus apostolados. Después, tan pronto volvió a casa, escribió a Su Santidad para presentarle el testimonio de la filial e inconmovible adhesión de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei:

En Vos vemos —manifestaba al Papa— al Vicario de Cristo y por conducto Vuestro oímos la voz del Pastor de los Pastores; por eso anhelamos que quede hoy ante Vuestra Santidad la suprema aspiración de nuestro Instituto: ir con fidelidad y dedicación absolutas a cualquier lugar y empresa donde podamos servir a la Iglesia o donde nos mande su Pastor Supremo.

Podemos imaginarnos cómo fue la audiencia por lo que una semana más tarde escribe a don Leopoldo, el Obispo de Madrid. Al hacerle un resumen de la entrevista se muestra expresivo, pero parco de palabras; evidentemente, tocaron asuntos muy íntimos, que la humildad le impide airear:

Me recibió, en Audiencia privada, el Santo Padre: conoce muy bien nuestro Opus Dei y lo ama. No sabe, Padre, cuántos detalles simpáticos tuvo.

Nuestras cosas aquí, muy bien; pero con esa lentitud —iba a decir eternidad— que es, para mí, un remanso. Se aprende. Álvaro, hecho un héroe por esta Curia romana: todo el mundo le conoce y le quiere.

Es preciso también leer otra carta de la misma fecha, dirigida al Nuncio en España, Mons. Cayetano Cicognani, para apreciar hasta qué punto ardía en impaciencia, por mucho donaire que el Fundador echase a la calma romana:

Estamos muy contentos en Roma, puesto que todo marcha —y muy bien— aunque no excesivamente deprisa. Pero da mucha alegría esta serenidad: pido al Señor que se me pegue.

El Santo Padre me recibió en Audiencia privada: es increíble el cariño que muestra para nuestro Opus Dei: bien sé yo —y nunca lo olvidaremos— que una buena parte de ese cariño es fruto del que nuestro Señor Nuncio puso en sus informaciones. ¡Dios se lo pague!