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6 de octubre de 1932
Primeros pasos de la Obra
Inédito
Algunas fechas de la vida de san Josemaría
San Josemaría ve en su oración personal que debe invocar a los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael y a los Apóstoles Pedro, Pablo y Juan como Patronos de la Obra. Escribió nuestro Padre en una Carta fechada el 29-IX-1957: "Eran los primeros días de octubre de 1932 cuando, haciendo un retiro espiritual en el convento de los Carmelitas Descalzos de Segovia, con un aislamiento completo según era mi costumbre, sin que nadie me acompañara ni me diera conversación o plática alguna, pasaba largos ratos de oración en la capilla donde se guardan los restos de San Juan de la Cruz: y allí, en esa capilla, tuve la moción interior de invocar por vez primera a los tres Arcángeles y a los tres Apóstoles -cuya intercesión pedimos cada día todos los miembros de la Obra en nuestras Preces-, teniéndoles desde aquel momento como Patronos de las tres obras que componen el Opus Dei".
Dos días después escribió en sus Apuntes: "Recé las Preces de la Obra de Dios, invocando a los Santos Arcángeles nuestros Patronos: San Miguel , S. Gabriel, S. Rafael... y ¡qué seguridad tengo de que esta triple llamada, a señores tan altos en el reino de los cielos, ha de ser -es- agradabilísima al Trino y Uno, y ha de apresurar la hora de la Obra!".
Contaba don Álvaro en una tertulia: "el Padre se encomendaba al poder de los tres Arcángeles desde muy joven; en sus apuntes íntimos -los que escribió de su vida espiritual-, se ve cómo unas veces acudía a San Miguel, otras a San Gabriel, o a San Rafael, y otras a los Ángeles Custodios; pero sin sistematizar aún el Patrocinio de los Arcángeles y de los Apóstoles de la Obra. Llegó un momento en que vio con más claridad. En octubre de 1932, haciendo su retiro espiritual en Segovia -cerca de Fuencisla, en el convento de los carmelitas descalzos de San Juan de la Cruz-, rezando junto a los restos del santo, recibió una moción de Dios para establecer el patronazgo de los tres Arcángeles y de los tres Apóstoles sobre la Obra, del modo en que lo vivimos".
Contaba don Álvaro en una tertulia en Cavabianca el 29-IX-88: "El Fundador describió en sus apuntes íntimos cómo iba encomendando a San Miguel, a San Gabriel y a San Rafael las diferentes actividades apostólicas. Tiempo después, en Segovia, en el convento que hizo construir San Juan de la Cruz, rezando junto a los restos mortales de este gran santo, vio con claridad que los debía nombrar Patronos de la Obra. Era un lugar muy húmedo y el Padre cogió un gran resfriado. Después, en ocasiones recordaba que Dios le hizo saber quiénes habían de ser los Patronos del Opus Dei, mientras sentía aquel malestar".