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26 octubre 2027

Consagración de la Obra al Corazón Sacratísimo de Jesús

26 de octubre de 1952
Consagración de la Obra al Corazón Sacratísimo de Jesús

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

Está al cabo de la calle de quiénes son los que le hostilizan. No los nombra. No los señala. No descubre su identidad. Pero no puede evitar pensar en ellos cuando, veinte años más tarde, en 1972, el teléfono suene de madrugada y alguien pregunte si ¿monsignore Escrivá é morto?: "Son los mismos que en 1951 querían echarme de la Obra. Si lo hubiesen conseguido, me habrían matado. Y ahora siguen queriendo matarme...".

Uno de esos días de incertidumbre y de zozobra, sintiendo cerca el aliento de los que se han confabulado contra la Obra y contra él, sale a un rincón jardinero de la Villa, para meditar un rato a solas. En el Arco dei Venti, apoyándose sobre el pretil, escribe un texto breve, pero meridianamente "informativo", que después hará grabar en una sencilla lápida de mármol:

"Cuando estas casas se alzaban en servicio de la Iglesia, a fuerza de una abnegación mayor en cada jornada, permitía el Señor que de fuera vinieran duras y ocultas contradicciones, mientras el Opus Dei -consagrado al Corazón Dulcísimo de María, el 15 de agosto de 1951, y al Corazón Sacratísimo de Jesús, el 26 de octubre de 1952- firme, compacto y seguro, se fortalecía y dilataba. Laus Deo".

Instalada en una de las galerías que cierran el Cortile Vecchio, esa lápida estuvo tapada con una placa de metal que, a modo de puerta, giraba sobre goznes. Durante algunos años, esta portezuela de bronce permaneció cerrada, para que los chicos que pasasen por allí no tuvieran noticia de esos hechos. Era un modo de evitarles sufrimientos innecesarios, a deshora. Por entonces, aún duraban las turbulencias de la tormenta que no llegó a descargar. Tanto, que algunos prelados aconsejaron a Escrivá que "no se hiciese notar", que "renunciase a toda actividad externa", que "no respirase muy fuerte"... Cierto alto miembro de la Curia llegaría a decirle: "en ocasiones, para que a uno no le maten, es conveniente hacerse el muerto".