Página inicio

-

Agenda

16 octubre 2027

Le anima a comenzar en Ecuador

16 de octubre de 1952
Le anima a comenzar en Ecuador

Juan Larrea Holguín

Recuerdo en torno a unas cartas de san Josemaría

Al día siguiente de mi llegada, pedí audiencia al Ilmo. Arzobispo Carlos María de la Torre, quien me recibió una o dos fechas después. La audiencia, aunque con el ceremonioso protocolo propio de la época, fue muy cordial, y el ilustre y anciano prelado asumió con claridad, y aun con entusiasmo, cuanto le expliqué del Opus Dei, del que hasta ese momento no había oído hablar. Yo era entonces un joven de 25 años, recién graduado y desconocido para el Arzobispo. Su formación según los cánones antiguos y la mentalidad clerical que predominaba a mediados del siglo pasado, podían dificultar la comprensión de un fenómeno teológico, jurídico y pastoral tan nuevo como es la Obra de Dios. Pero no fue así, sino que Mons. de la Torre manifestó mucho agrado por cuanto le expliqué, y me dijo que deseaba que cuanto antes se constituyera un centro del Opus Dei en Quito. Le pedí y me dio su bendición, ofreciéndome encomendar el futuro establecimiento de la Obra en su Arquidiócesis. Naturalmente, con mucho alborozo comuniqué a San Josemaría este feliz resultado de la primera gestión en Quito.

En carta del 16 de octubre de 1952, el Padre me insistía en la necesidad de comenzar cuanto antes en Ecuador. "Esperamos, con impaciencia, pero sin prisas, la labor de Quito: tú tienes la palabra.- Mientras, te encomendamos para que veas con claridad cuándo y cómo y con cuántos y con quiénes.- Tenemos a D. Álvaro enfermo -el hígado- y es preciso pedir al Señor que le dé la salud: tiene demasiado trabajo encima y demasiadas preocupaciones.- Pide a la Santísima Virgen que podamos resolver estos apuros económicos, que nos agobian.-Saluda afectuosamente a tus padres y hermano". Y terminaba con "Un abrazo muy fuerte y la bendición de tu Padre - Mariano". Volvía a urgirme en la labor apostólica con otras palabras escritas al pie de una carta fechada 9 de enero de 1953, por un alumno del Colegio Romano (Andreu Barrera). Concretamente, el Padre y don Álvaro me encarecían que "pronto" se pudiera comenzar aquí y me aseguraban su acompañamiento espiritual y oraciones.