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30 enero 2027

Fundación de la prelatura de Yauyos

30 de enero de 1958
Fundación de la prelatura de Yauyos

Vázquez de Prada

El Fundador del Opus Dei

Por Constitución Apostólica, con fecha 12 de abril de 1957, quedó fundada una nueva Prelatura nullius, encomendada al Opus Dei. La formaban los territorios de las provincias de Huarochirí y Yauyos, segregados de la archidiócesis de Lima. Su Prelado sería Mons. Ignacio Orbegozo, del Opus Dei. Cinco años más tarde, por acuerdo del Cardenal Landázuri, Arzobispo de Lima, y del Prelado de Yauyos, se pidió a la Santa Sede un cambio en los límites de la circunscripción eclesiástica. La Prelatura llegó a tener poco más de 15.000 kilómetros cuadrados y una población que rondaba los 165.000 habitantes. Mons. Orbegozo describe las condiciones y situación en que se hallaban sus territorios. Era una comarca —dice— «sumamente pobre y aislada, por carecer de carreteras. Situada entre los tres mil y seis mil metros sobre el mar y carente de todo, con más de noventa templos semiderruidos y en abandono, ya que habían pasado veinticinco años sin sacerdotes».

Desde un principio contó el Prelado con varios sacerdotes diocesanos, adscritos a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, a quienes sus respectivos Obispos habían dado permiso para trasladarse a aquella Prelatura. Pasaron meses reconociendo el territorio, visitando pueblos y aldeas miserables, perdidas entre cerros o plantadas en la puna. Se hicieron a cabalgar por sendas de herradura, entre el cielo y el abismo; tan estrechas que, cualquier paso en falso, les llevaba al borde del despeñadero. Administraban los sacramentos: bautismo, matrimonio, unción de los enfermos. Reparaban iglesias caídas. Confesaban y celebraban misa. No toda la población entendía el castellano, pues muchos hablaban quechua, pero no era obstáculo para predicar y consolar a aquellas gentes. Los comienzos fueron particularmente duros. El Padre estaba pendiente de ellos, deseoso de tener noticias. Ardía en deseos de escribirles; pero, entre una cosa y otra, no hallaba la ocasión de hacerlo con calma. Al fin envió desde París unas líneas medidas y apasionadas:

París, 30 de enero, 1958

Queridísimos Ignacio y todos: que Jesús me guarde a esos hijos de Yauyos.

¡Cuánto deseo tenía de escribiros! Pero ya os han ido comunicando cómo, entre enfermedades y labor inaplazable, resultaba casi imposible llenar una cuartilla.

Estoy especialmente pendiente de vosotros: os encomiendo, os hago encomendar, os acompaño y me pongo orgulloso de vosotros.

No se me ocultan las dificultades de esa tarea de roturación: tratamos de que, cuanto antes, vayan otros hermanos vuestros hasta que seáis veinte y el Prelado. No se dejarán de poner los medios y estoy seguro de que superaremos todas las metas.

Sed hombres de oración, cumplidme las Normas. Estad siempre alegres y optimistas. Comed, dormid, atendeos unos a otros, obedeciendo con espíritu sobrenatural a vuestro Prelado. Sed sinceros, vivid la práctica bendita de la corrección fraterna. Y no olvidéis que este pobre pecador, que es vuestro Padre, os presenta cada día al Señor y a Nuestra Madre Santísima Santa María como las primicias del trabajo misional, que ahora se continuará en Nairobi y en Osaka. ¡Un mar de Amor sin orillas!

Con toda el alma, os bendice y os abraza y os quiere vuestro Padre.

Mariano

Uno de esos primeros sacerdotes, con bastantes años de brega apostólica en el territorio de Yauyos, testimonia que el Padre «se preocupó tanto de aquella parcela de la Iglesia, que parecía no tuviese entre manos cosas más importantes». Velaba por ellos con su oración, les ayudaba con sus consejos, les abría camino con sus iniciativas pastorales y les cobijaba con su cariño y ternura de Padre:

Siempre os tengo presentes en mi oración —les decía—, y deseo ayudaros a vencer en las mil pequeñas cosas heroicas, que nunca nos faltan a los hijos de Dios en su Obra.