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1 de septiembre de 1973
Se niega a ser el primero de la cola
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
El 1 de septiembre, víspera del viaje, van don Álvaro, Javier Cotelo, Javier Echevarría y el Padre al aeropuerto de Milán. En las dependencias sanitarias hay una larga cola de gente que está allí para lo mismo. Alguien del dispensario médico reconoce a monseñor Escrivá:
- Monsignore... Mil perdones...Acompáñeme, por favor, y pasará inmediatamente, sin necesidad de esperar.
Escrivá se niega:
- No, no, muy agradecido pero yo prefiero guardar mi turno y pasar cuando me toque.
Ante la insistencia del funcionario, Escrivá le explica:
- No quiero quitar el puesto a ninguna de estas personas que, si están aquí, no es por su gusto. Ellos tendrán otras cosas que hacer, y quizás con más urgencia que yo.
Cuando al día siguiente, el avión, en sus evoluciones de despegue y toma de altura, sobrevuela Milán y los alrededores de La Brianza, Escrivá asalta los sagrarios de las torres de iglesias que, desde allá arriba, acierta a divisar...se despide de esas diminutas casitas...bendice a todas esas gentes...Y con ese sabor almendrado que tiene la nostalgia, intuye que quizás no vuelva más. Han sido sus últimas "vacaciones". La vida no va a darle ya ocasión para perderse, como un ucel di bosco, como un pájaro del bosque, libre, por algún lugar escondido de la campiña italiana.