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30 agosto 2027

En Couvrelles el Padre les abre su corazón

30 de agosto de 1936
En Couvrelles el Padre les abre su corazón

François Gondrand

Historia del Opus Dei y de su Fundador

Rodeado de sus hijos, sentados en la doble escalera de piedra que da acceso a una noble casona situada en los alrededores de Soissons, el Padre abre su corazón. Es media tarde y ya empieza a refrescar, a causa de la proximidad de un estanque y del vecino bosque.

Desde hace algunos días, el Fundador de la Obra está trabajando en Avrainville, un pueblo cercano a Etampes, y ha venido desde allí para estar un rato en familia con algunos de sus hijos, que han interrumpido sus actividades profesionales para convivir unos días en el Centro Internacional de Encuentros de Couvrelles.

La casa, adquirida por un grupo de cooperadores y amigos de la Obra con objeto de que puedan organizarse en ella actividades espirituales y de formación, no es excesivamente grande, pero sí armoniosa, con sus fachadas del siglo XVII y un pequeño parque siempre verde. A los miembros de la Obra de nacionalidad francesa han venido a unirse otros de los países vecinos: Alemania, Bélgica, Holanda, Suiza, Italia y España.

Haciendo alusión a la labor que allí se desarrolla a lo largo del año -coloquios culturales, cursos de formación doctrinal intensiva, convivencias, retiros, etc.-, el Padre recuerda lo importante que es disponer de medios materiales y de lugares apropiados para desarrollar los apostolados de la Obra, aunque buscarlos y encontrarlos suponga esforzarse mucho, pues así ha ocurrido siempre desde los comienzos.

Un Centro como el de Couvrelles, una residencia de estudiantes o un club juvenil no interesan sólo por su misión específica; deben servir también para elevar el nivel espiritual y la formación humana de las muchas personas que encontrarán allí una oportunidad de acercarse a Cristo y de quererle más.

El Opus Dei es pobre y lo será siempre, pero las almas valen mucho y merecen que, para servirlas, se utilicen instrumentos adecuados, puestos a disposición de la Obra por personas que colaboran en sus labores apostólicas. Instrumentos que, por otra parte, no serán nunca tan caros como los que se utilizan hoy en la sociedad para otros fines: el deporte, las distracciones, por ejemplo.

El tono de las palabras del Padre se hace más vibrante cuando habla de que nadie puede guardarse para uno mismo el tesoro de la fe y de la vocación; tiene que llevar a cabo un intenso apostolado en su propio ambiente. Por eso, es necesario formarse, tanto profesionalmente como desde el punto de vista religioso. Ese "diálogo" del que tanto se habla, sin que casi nadie lo practique, debe fundarse en la apertura al prójimo, sí, pero también en el conocimiento de la verdad unido a una clara competencia profesional.