-
21 de agosto de 1958
Lo de economizar en las compras no es roñería…
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
También en el norte de Italia, por la zona de los lagos, junto a la frontera con Suiza, para los veranos de 1972 y 1973 encuentran una casa en Civenna: un pueblecito de montaña, cerca de la ciudad de Lecco.
Esta vez Escrivá se lleva mucho trabajo: sigue revisando el Codex del Opus Dei, y prepara la edición de dos libros de homilías que se publicarán bajo los títulos de Es Cristo que pasa y Amigos de Dios. Esta última, con Via Crucis, Surco y Forja serán obras póstumas.
Al día siguiente de llegar se lanzan a hacer la marcha por un camino de tierra, cuesta arriba. Cuando apenas llevan cien metros recorridos, Escrivá hace una señal de "¡alto!":
- Con estos zapatos de ciudad no podemos llegar muy lejos, mejor es que volvamos a casa, tomemos el coche y vayamos a la localidad más próxima a comprar alpargatas o botas de andar por el campo.
- Lo que tenemos más cerca es Lecco, a ventitantos kilómetros...
- Pues ¡vamos a Lecco!
Una vez allí, Escrivá les sugiere, en lugar de ir a una zapatería, pasar antes por el mercado:
- Seguro que ahí nos venden botas de las que llevan los aldeanos y mucho más baratas que en una tienda elegante.
Así es, compran un par de botas para cada uno, por diez mil liras, (unas mil pesetas).
Y allí, en el animado bullicio del mercado, como si aquello fuera para él lo más normal del mundo, monseñor Escrivá se sienta sobre un cajón de frutas, se descalza, se prueba las botas, anda un poco, pisa fuerte y, echándole una sonrisa al hombre del puesto, comenta:
- Es la horma de mi pie. ¡Me las llevo puestas!
Lo de economizar en las compras, en Escrivá no es "roñosería" tacaña, sino una forma natural de vivir la virtud de la pobreza. Virtud con mala prensa, y aún con peores explicaderas, que no es la forzosa necesidad de los indigentes y menesterosos, sino la voluntaria generosidad de quienes, poseyendo, saben andar desprendidos.