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20 de agosto de 1973
De “descanso” en Civenna
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
Esa zona de La Brianza es más bien fresca y húmeda con frecuentes lluvias, nieblas y tormentas. Un día, Giuseppe Molteni viaja en coche desde Milán hasta Civenna. Lleva con él a Carlos Cardona, miembro también del Opus Dei, que va a trabajar con el Padre en alguna de las Homilías que está revisando. Cae una lluvia torrencial, espesa e incesante. Las tormentas se suceden una a otra a lo largo del trayecto, pero Giuseppe, enamorado de su Brianza, no se cansa de repetir, como si fuera un agente publicitario:
- E pure, Carlos, tra le nuvole ci stà il sole...
En cuanto llegan, Carlos Cardona se lo cuenta al Padre:
- Para que no se me viniera el alma a los pies, cada vez que sonaba un trueno, Peppino me decía: "Sin embargo, Carlos, detrás de esas nubes está el sol". Y yo le contestaba: "pues, si tú lo dices, estará, pero ¡caray, el tío cómo se esconde!". Escrivá se ríe con ganas.
- Peppino eres muy divertido... pero tienes que ponerte de acuerdo con tus paisanos, porque ellos no hacen más que decir que la lluvia y la niebla son vuestra riqueza... De todos modos, elogiando a tu tierra, has dicho una gran verdad, que se puede aplicar a la vida espiritual: Hay momentos en los que, tal vez por nuestra falta de correspondencia a la gracia, dejamos de ver la luz. En otras ocasiones, el Señor permite esa oscuridad, para probar muestra fe y nuestra lealtad. Yo he dicho hace ya muchos años que, en el camino hacia Dios, una vez que se ha visto la luz de la gracia, de la llamada, hay que marchar adelante con fe, con entereza, dejando, quizás, jirones de ropa o incluso de carne, en las zarzas del sendero. Pero hemos de seguir, con la certeza de que Dios es el de siempre y no puede fallar. Si le somos fieles, después de la tormenta y de la oscuridad vendrá la bonanza y brillará para nosotros un sol de maravilla, todavía más luminoso... Hijos mío, después de haber escuchado la voz de Dios, no se puede volver la cara atrás.