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14 de agosto de 1931
Anima a don Pedro Cantero
Vázquez de Prada
El Fundador del Opus Dei
También don Pedro Cantero notó la estupenda penetración espiritual de su palabra, pues al narrar cómo se había encontrado por vez primera con don Josemaría en un pasillo de la Facultad de Derecho de Madrid, en septiembre de 1930, añade que, tras el saludo y la primera charla, «empezó una amistad que duraría toda la vida [...]. Josemaría fue poco a poco entrando en mi alma, haciendo un verdadero apostolado de sacerdote a sacerdote». Vino luego la República. Se produjeron graves desmanes y sacrilegios, ya reseñados. Dejaron de verse por algún tiempo los dos amigos.
E inesperadamente, al caer la tarde del 14 de agosto de 1931, cuando todavía «parecía seguir flotando el humo de la quema de conventos» sobre la capital, don Josemaría se presentó en casa de su amigo. Sacó a don Pedro, que se hallaba con el ánimo tristón y pesimista, de su abatimiento; y de tal forma obró el poder de su palabra que, como dice textualmente mons. Cantero: «cambió la perspectiva de mi vida y de mi ministerio pastoral».
Lo que no supo don Pedro era que el Fundador, para lograr ese cambio, se apoyaba en la oración y mortificaciones solicitadas a Isidoro Zorzano, a don Norberto, a las monjas de Santa Isabel, a los enfermos de los hospitales y hasta a su propio Ángel Custodio. Porque era habitual en don Josemaría buscar la "complicidad" de los ángeles en sus empresas apostólicas. Y así escribía ese mismo día a Isidoro Zorzano:
El 14 de agosto de 1931 escribe el Fundador a Isidoro Zorzano: Ayer hice el propósito de contar nuestro gran secreto a otro... Te pido especialísima oración y alguna expiación pequeña, voluntaria. Mira, esta vez vamos a llevar todo el negocio entre tú y yo: no pido oraciones a nadie, ni expiación. De nosotros dependerá mover el Corazón de nuestro Rey... Esa vocación, si Dios la da, la habrás engendrado tú, con tu oportuna e inoportuna petición. Ya puedes apretar estos días en tu vida espiritual, para no aflojar luego.