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9 de julio de 1974
El Padre en Perú
Ana Sastre
Tiempo de caminar
El 9 de julio sale hacia Perú. El aeropuerto de Pudahuel, ubicado en la parte baja del valle de Mapocho, se cubre con una espesa niebla matinal. El avión despegará a las nueve y quince. Durante la espera, los que han ido a despedirle recuerdan sus palabras, su cariño, el intenso sabor de intimidad que ha dado a su estancia en tierras chilenas. En algún hombre mayor, ajetreado por la existencia, ha quedado el eco de frases como ésta:
-«Con sólo una persona que haya llevado una vida un poco abandonada, y ahora vuelva, y se confiese, yo no habré perdido el tiempo».
Y en el alma de muchos jóvenes repican, como invitación heroica y alegre, aquellas palabras finales del Padre:
«Jesucristo (...) os puede echar la mirada que echó a Juan, y entonces apuntaréis la hora en que os miró, y quizá le diréis lo que yo os he contado que le digo a veces: Señor, tengo ganas de ver tu rostro; te quiero tanto, que tengo muchas ganas de contemplarte... Con una juventud eterna -da lo mismo que hayáis cumplido veinte años, que después sesenta, setenta u ochenta, no importa nada- porque seréis jóvenes siempre ».
Nada más llegar a Perú, Monseñor Escrivá de Balaguer se encamina hacia Los Andes, Centro de la Obra situado en la ciudad de Lima. Hoy se cumplen exactamente veintiún años de la llegada del Opus Dei a esta tierra. Por eso, el Padre va a encontrar, recibiéndole, veintiuna rosas rojas que escoltan estas dos fechas: 9 de julio de 1953 / 9 de julio de 1974.
Los Andes mantiene en su decoración el aire de las viejas casas limeñas; en ella se han acondicionado algunas habitaciones para el Padre y para don Álvaro. Cerca de su mirada, una imagen de la Virgen y otra de San José, de estilo cuzqueño. Un oratorio situado en la misma planta que las otras dependencias, será el lugar de oración y acción de gracias durante su estancia en Lima.