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30 julio 2027

El cardenal de Lisboa pone trabas a la labor

30 de julio de 1956
El cardenal de Lisboa pone trabas a la labor

Vázquez de Prada

El Fundador del Opus Dei

Don Josemaría visitó por vez primera al Cardenal Patriarca de Lisboa, don Manuel Gonçalves Cerejeira, en febrero de 1945, con ocasión del viaje emprendido a raíz del encuentro con sor Lucia, la vidente de Fátima. Por segunda vez se entrevistó con el Cardenal en septiembre de ese mismo año, y hablaron entonces largamente del Opus Dei. El primer Centro en Portugal se estableció en Coimbra, en 1946. Esperaba, sin embargo, el Cardenal la eventual apertura de un Centro también en su diócesis. Pero éste no se erigió hasta el 23 de enero de 1951, como resultado de las entrevistas que tuvieron lugar entre el Cardenal y el Fundador; una en Roma (28-X-50) y otra en Lisboa (8-I-51).

A lo largo de todos estos encuentros había notado don Josemaría que, a pesar del mucho afecto que le mostraba el Cardenal, en cuanto se tocaba el tema del apostolado dentro de su diócesis parecía como cerrarse dentro de sí, como si estuviera resentido por el celo de sus fieles en el campo del apostolado. Advertido por el Fundador, el Consiliario de Portugal, Javier de Ayala, mantuvo periódica y abundantemente informado al Cardenal de las actividades de los miembros de la Obra, para que no las confundiera con el apostolado de los religiosos. Alguna rigidez le mostró, sin embargo, el Cardenal en este tema de las metas apostólicas, como para que el Consiliario escribiera inmediatamente al Fundador, el cual le tranquilizaba a vuelta de correo: Bien, tu trato con el Card. Patriarca [...]. Con el trato y nuestros modos, perderá del todo las prevenciones.

Siguiendo al pie de la letra el consejo del Fundador, el Consiliario de Portugal mantuvo frecuente trato con el Cardenal y solicitó verbalmente la venia para la erección de un Centro para el apostolado con mujeres del Opus Dei. La concesión se hizo el 1 de agosto de 1952; y el Centro fue erigido el 2 de marzo de 1953. En el entretanto don Josemaría se vio obligado –en cumplimiento de su deber— a salir en defensa del carisma fundacional, ante algunas intervenciones del Cardenal, que seguía sin hacerse cargo de la naturaleza secular del Opus Dei.

No volvieron a verse el Cardenal y el Fundador por muchos años. Hasta que un día se enteró el Cardenal, ya octogenario, de que don Josemaría pasaría breves fechas en Lisboa. Quiso ver al Fundador y charlar con él despacio. Cuando el Padre, don Álvaro y don Javier Echevarría, el secretario del Fundador, llegaron a la casa de ejercicios donde vivía el Cardenal, éste les esperaba con ansias del encuentro. Era el 6 de diciembre de 1972.

«Nada más comenzar la conversación —cuenta el entonces secretario del Fundador—, Cerejeira se ha precipitado a decir al Padre que quería pedirle perdón por el sufrimiento y por las grandes dificultades que había provocado cuando regentaba la diócesis. Enseguida le ha interrumpido cariñosamente el Padre, para confirmarle que no había nada que perdonar y que, además, nunca se había sentido ofendido; y ha añadido el Padre que, sin cumplidos de ningún género, también le pedía perdón, si en alguna ocasión le habíamos causado el más pequeño disgusto.

No se ha conformado el Cardenal con las palabras del Padre, pues se ha dado cuenta de que el Padre le hablaba con sinceridad, pero para tranquilizarle, ya que jamás ha tenido un motivo objetivo de queja por el trabajo apostólico de la Obra en su antigua diócesis. Por eso, después de oír esa muestra de cariño del Padre, Cerejeira ha insistido en que sentía el deber, en conciencia, de pedir perdón, porque se había dejado llevar por una ceguera incomprensible y, con sus pretensiones, había querido cometer un abuso de autoridad; que había considerado despacio las cosas, y había comprobado que su actitud había sido improcedente y contra todo derecho. A continuación el Cardenal —visiblemente contento, como si se hubiese quitado una losa de encima— ha comentado: "ahora ya me puedo morir tranquilo"». El Cardenal murió a punto de cumplir los noventa.