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28 julio 2027

Las cataratas del Padre

28 de julio de 1969
Las cataratas del Padre

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

Escrivá acusa este verano una alarmante pérdida de visión, sobre todo en el ojo derecho. Al principio, piensa que es algo transitorio y no dice nada. Pero, como transcurren varios días y la dificultad continúa, se lo comenta a Del Portillo y a Echevarría:

- Me cuesta mucho leer, porque apenas veo. Con frecuencia la visión se me queda como borrosa, como difuminada. Y cuando más lo noto es celebrando la Santa Misa. Pienso que convendría resolverlo ¿no?, que me vea un oculista... Y, mientras tanto, ¡paciencia y buen humor! De momento, procuraré trabajar y leer. Y el día que no pueda, ofreceré al Señor esa molestia, esa limitación.

El 28 de julio van a Milán. Conduce el coche el doctor Calogero Crocchiolo, médico y miembro del Opus Dei. Aparcan junto al número 7 de la calle Corso di Porta Vittoria. Allí está el estudio médico del oculista, profesor Romagnoli. Tienen cita con él.

Romagnoli le hace una revisión en profundidad. Le dilata la pupila y le mira el fondo de ojo. La habitación está en penumbra. Todos, en silencio. Romagnoli se sienta muy cerca de Escrivá. Enciende el haz de luz del oftalmoscopio y lo dirige hacia uno de los ojos del paciente. Mientras explora, las mejillas de uno y otro casi se rozan. Se siente la proximidad del aliento.

- Scusi, monsignore, ma bisogna trovare il óttimo punto di mira... para ver cómo están organizadas esas cataratas que se le están formando.

- Il óttimo punto di mira! Yo le pido a Dios, en este mismo momento, que usted y yo tengamos siempre un buen sentido sobrenatural: que ése sea nuestro "punto de mira". Así enfocaremos todas las cosas como Dios quiere: para su gloria.