Página inicio

-

Agenda

17 julio 2027

Bendita perseverancia

17 de julio de 1938
Bendita perseverancia

Pedro Rodríguez

Camino, edición crítica

998* ¡Bendita perseverancia la del borrico de noria! -Siempre al mismo paso. Siempre las mismas vueltas. -Un día y otro: todos iguales.
Sin eso, no habría madurez en los frutos, ni lozanía en el huerto, ni tendría aromas el jardín.
Lleva este pensamiento a tu vida interior.


Texto escrito sobre una octavilla de la serie Ah, posterior por tanto a 20-XII-1938. El tema del borrico es constante, autobiográfico, como hemos visto ya muchas veces, en los Cuadernos del Autor. Vid com/57, 80, 98, 176, 420 y 493 (borrico sarnoso), 571, 592, 596, 606, 677, 691, 729, 731, 801, 852, 874, 882, 933. Vid Forja, 380 y 381. Hans FLASCHE señala el carácter alegórico tradicional de estos puntos, insertos en la tradición de la laus asini. El uso de esa tradición es sumamente moderada en C, pero extraordinariamente abundante en Apínt, como puede verse en los textos transcritos, y muy tipificada en los dos puntos de Forja (que son los que llamaron más la atención a Flasche y que proceden de Apínt). Garrido Gallardo, con buen fundamento, hace notar que el uso alegórico de la figura del borrico se produce a partir de una experiencia mística del Autor, que se documenta, antes de lectura alguna, en la tradición señalada. En cambio, el «borrico de noria» aparece por primera vez en un documento del Autor de 1935, que es ya un esquema de lo que será este punto de C:

«¡Bendita perseverancia, llena de fecundidad, del pobre borrico de noria!: siempre lo mismo, monótonamente, escondido y despreciado, a su paso humilde..., sin querer saber que son sus sudores el aroma de la flor, la hermosura del fruto en sazón, la fresca sombra de los árboles en el estío: la lozanía toda del huerto, y todo el encanto del jardín».

Este texto era sin duda el que el Autor tenía en la cabeza -dudo mucho que lo pudiera tener en su escritorio, pues el documento, en principio, había quedado en Madrid- cuando redactaba este punto penúltimo de C. Aunque el recordatorio para redactarlo bien pudo ser este apunte de sus guiones:

«Nemo repente fit sanctus. Ut jumentum (Ps LXXII, 23,24). El burro de noria...».

Ese año 38 el tema del «borrico de noria» brotó en labios del Autor con ocasión de su viaje a Santiago de Compostela para ganar el jubileo, acompañado de Ricardo Fernández Vallespín, convaleciente de herida de guerra. Hizo escala en León para visitar a Mons. Carmelo Ballester, Obispo de la diócesis. El 17 de julio, domingo, celebró la Misa muy temprano en la casa de las Teresianas. Un ilustre sacerdote de León, don Eliodoro Gil, que también le acompañaba a Santiago, es el que lo narra:

«Llegaron a la estación cuando ya estaba pitando el tren. Un taxista, feligrés mío -de nombre Cartujo-, nos llevó hasta Veguellina de Órbigo, a unos 30 kms. de León, donde alcanzamos el tren. Durante aquel trayecto el Padre nos dirigió la meditación y nunca se me olvidarán sus palabras. Incluso se le grabaron al taxista, que me las recordó muchas veces. Allí, desde las ventanillas del coche, contemplábamos la preciosa vega del Órbigo, donde se cultiva remolacha y lúpulo.

El Padre nos habló con la imagen del borrico, que se la debió inspirar aquel campo, en el que se veían muchas norias con sus borricos. Es ese trabajo esforzado y continuo -monótono, si se quiere-, pero eficaz: es ese trabajo el que va llenando los cangilones que derraman el agua a los campos que se cubren de verdor y de fecundidad. 'Fijaos -nos decía- que el pobre burro está dando nada menos que todo lo que tiene, con toda paciencia. Y nos da ejemplo de cómo tenemos que servir a Dios'».