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9 junio 2027

Preocupación por sus hijos

9 de junio de 1943
Preocupación por sus hijos

Francisco Ponz

Mi encuentro con el Fundador del Opus Dei

Llegó por fin el jueves 27 de mayo, el día largamente esperado en que iba a quedar reservado el Señor en el Sagrario del oratorio del Palau, el primero de un centro del Opus Dei en Cataluña. El Padre celebró la Santa Misa, ayudado por Jaime Termes.

Jorge Brosa, que se había traído una nueva y excelente cámara fotográfica para dejar un recuerdo gráfico del acontecimiento, no acertó a tomar fotos a pesar de su acreditada pericia, debido sin duda a la emoción. Antes de la Comunión, el Padre nos dirigió unas palabras: aludió a lo que se había tenido que esperar para llegar a aquel momento, a las duras contradicciones sufridas en esa ciudad; y nos transmitió su convicción de que esa Cruz que había permitido el Señor era signo del gran desarrollo que iba a tener el Opus Dei en Barcelona y en toda Cataluña: "A este primer Sagrario -nos dijo- le seguirán pronto unos cuantos más en Barcelona". Añadió que el Señor, que nos mimaba a cada uno con amor de predilección, se quedaba verdadera y realmente presente en aquel Sagrario, para que acudiéramos a Él y le abriéramos nuestro corazón con entera confianza, seguros de encontrar su ayuda.

Por la tarde volvió el Padre y nos obsequió en la merienda con unos helados para celebrar el acontecimiento. Él mismo ofició la primera Bendición con el Santísimo en el Palau para casi todos los que habíamos estado por la mañana. Jorge se había hecho ya con la técnica de la nueva cámara fotográfica y sacó bastantes fotos. Todo tuvo que hacerse con rapidez, porque el Abad Escarré, de Montserrat, había invitado al Padre a regresar con él en coche hacia Madrid: el Padre aceptó por hacerle compañía y por las dificultades que había para encontrar plaza en el tren. Mientras de charla con el Padre esperábamos al Abad, llegó Pedro satisfecho por haber conseguido después de muchos esfuerzos dos billetes de tren para el día siguiente. El Padre le dijo que ya no podía eludir el compromiso con el Abad, por lo que se tendría que ir él solo, con la carabela que había comprado en Barcelona para un centro de Madrid.

Acompañé –dice Francisco Ponz-, a Pedro a cenar en un lugar próximo, dormimos en el Palau -el Señor no se debe quedar nunca solo en la casa, nos había dicho el Padre-, y a primera hora del viernes 28, Jorge acercó a Pedro, con la decorativa carabela, a tomar el tren en la estación, donde motivó discusiones entre el público acerca de cuál de las tres utilizadas por Colón debía representar. La puntualidad de Jorge evitó el drama anunciado por Pedro, al que le gustaba disponer de amplios márgenes de tiempo para sus viajes: de no llegar a recogerle a la hora convenida -había asegurado- "expiraré como un pajarito".

Siguieron días de trabajo intenso en la preparación de los exámenes, con gran concurrencia en la sala de estudio del Palau, mientras yo trataba de sacar el mayor provecho científico a mi tiempo de permanencia en Barcelona. El permiso militar de que gozaba no se podía prolongar más. Así que el 9 de junio regresé a Madrid.