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30 junio 2027

El Palau, en Barcelona

30 de junio de 1940
El Palau, en Barcelona

Onésimo Díaz

Posguerra

El Palau se encontraba en un edificio con cierto empa¬que, de estilo ecléctico, construido a finales del siglo xix. El portal de doble hoja, estaba flanqueado por dos columnas decoradas, y coronado por motivos florales y la cabeza de un león. La fachada presentaba cuatro alturas, con balcones en la parte central, sobre el portal, y con pequeños balcones en los laterales. El Palau ocupaba la planta principal. Una habitación grande se destinó para sala de estudio o biblioteca. Otra sala sirvió para tener tertulias, dar círculos, hacer un rato de oración, merendar, etcétera. Además contaba con un pequeño vestíbulo, un baño y un cuarto de cocina o despensa. Este piso pequeño tenía un pequeño patio interior en la parte trasera del edificio.

En el relato escrito sobre el viaje se describió El Palau como un lugar bien situado, aunque no era ni grande ni luminoso:

Y enseguida al palau. Tomamos posesión de nuestra casa. Es un poco obscura, pero muy bien de distribución y sobre todo de sitio. Está a dos pasos de la Universidad, del Paseo de Gracia y de la Plaza de Cataluña.

En el Hotel Urbis, Portillo y Múzquiz citaron a los estudiantes universitarios y al doctor Balcells, que se mostraba entusiasmado con el nuevo centro y dispuesto a ayudar. El propio Balcells, recordó su intervención en la finalización de los trámites del alquiler:

El piso se alquiló a mi nombre y allí pudieron tenerse reuniones en pequeños grupos para hacer oración juntos, recibir charlas de formación, o escuchar al Padre cuando venía, en tertulias informales, siempre muy vivas, y en las que, mezcladas con las bromas y ocurrencias de unos y otros siempre iba el Padre.

El 30 de junio, los dos ingenieros asistieron a Misa en la iglesia de los jesuitas; por la tarde, tuvieron en el hotel el primer Círculo Breve impartido en Barcelona, ya que El Palau estaba todavía sin sillas ni muebles. En la noche del domingo, Múzquiz volvió a Madrid. En cambio. Portillo, que no consiguió billete en ese tren, marchó el lunes. Así pudo conversar tranquilamente con algunos de los jóvenes de El Palau, tal como anotó en la relación del viaje:

Vino muy bien el retraso, pues así pude hablar largo con todos ellos, por separado. Hubo que poner las cosas en su punto, pues tienden a dar al estudio la importancia máxima, aun a costa de no dejar ni cinco minutos para cosas fundamentales. Claro es que procuran cumplir bien las Normas, y verse con relativa frecuencia, pero es muy conveniente que, cuanto antes, haya allí alguno de los antiguos.

En el viaje de regreso. Portillo coincidió en el mismo compartimento del tren con el arzobispo de Verápolis (India), cuyas palabras le hicieron soñar con la expansión del Opus Dei en todo el mundo.