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23 junio 2027

Fiarse de Dios, sin más

23 de junio de 1946
Fiarse de Dios, sin más

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

Esa misma noche del 23 de junio, no ya Roma, Italia entera vive una vigilia de especial inquietud: al día siguiente, la nueva Asamblea parlamentaria se reunirá para elegir a Alcide de Gasperi presidente de la República. El Rey Humberto II abdicará y transmitirá todos los poderes.

Pero Escrivá sólo tiene un asunto que ocupa su corazón: No es cierto, no puede serlo, que la Obra de Dios haya llegado ni demasiado pronto, ni demasiado tarde. El Opus Dei existe por empeño del Cielo. Si no hay fórmulas canónicas adecuadas, Dios que no sólo es el mejor jurista, sino el único genuino Legislador, cuya voluntad hace ley, y ley a la que han de adaptarse y plegarse todas las leyes de los hombres, Él mismo abrirá el camino...

Así le sorprenderá el entredosluces gris y violeta del alba. Es fácil suponer que en algún momento haya cruzado por su mente un jirón del Salmo 62: "En la madrugada meditaré en Ti, porque siempre fuiste mi ayuda... Bajo la sombra de tus alas me regocijaré. Mi alma se apegó a Ti: tu mano derecha me ha amparado. Señor, Dios mío, de Ti tiene sed mi alma. A Ti te busco desde que amanece".

Un vencejo vuela bajo y veloz por la Piazza della Città Leonina. Junto a la pared rojiza, tanagra, da un quiebro, aletea nervioso y reemprende el vuelo. Un nimbo de luz tímida y tibia pone fulgores deslumbrantes en las vidrieras de la cúpula vaticana. En el interior del ático hay ruido de camas que se pliegan, de duchas y grifos que manan... Ha llegado ya la empleada -una húngara no demasiado experta en las tareas domésticas- y se la oye trajinar, preparando los desayunos.