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22 junio 2027

Una prueba dolorosa

22 de junio de 1935
Una prueba dolorosa

François Gondrand

Historia del Opus Dei y de su Fundador

Tiene muy vivo el recuerdo de lo que el Señor le hizo ver unos meses antes, el 22 de junio, estando recogido en oración, en aquella misma iglesia de los Padres Redentoristas. Había sido una prueba extraña y dolorosa, en la que el Señor le había hecho experimentar viva y claramente que la Obra era Suya.

Mientras estaba dando vueltas al futuro desarrollo de la Obra, un pensamiento le vino a la cabeza: ¿No serían puramente humanas -deseo de brillar, de ejercer una influencia personal sobre las almas- las razones que le impulsaban a obrar? ¿No estaría engañando a quienes con tanta confianza se acercaban a él?

¿Estaba obrando verdaderamente por puro Amor, sola y exclusivamente por dar a Dios toda su gloria?

Había sido un pensamiento rápido, pero había durado lo suficiente como para poner en tela de juicio todo aquello en lo que, con tanta energía, había trabajado durante años. Sin embargo, tenía conciencia de haberlo hecho sólo por Dios. Pensar que hubiese podido obrar por otro motivo le resultaba insoportable...

Así, pues, como para arrancar al Señor una respuesta, fueran cuales fuesen las consecuencias, exclamó inmediatamente con todas sus fuerzas: ¡Si la Obra no es para servir a la Iglesia, Señor, destrúyela!

Nada más formular esta petición, dispuesto ya a renunciar, con la muerte en el alma, le invaden una paz y un gozo inmensos, cuya fuerza es por sí misma una respuesta.

Ha aprendido a reconocer, en este género de fenómenos, una señal inequívoca de la presencia y el querer divinos.

La prueba ha sido, tal vez., la más dura de las que ha conocido desde el nacimiento de la Obra. Porque, ¿qué son los obstáculos exteriores, la fatiga, el sacrificio, en comparación de esta prueba angustiosa?

En cualquier caso, el Señor ha permitido esta tentación para su mayor bien. Humildemente, filialmente, le da las gracias más fervientes por haber purificado su intención.

Esta nueva gracia fue como una incitación a tomar de nuevo el arado en sus manos, con más fuerza, para seguir abriendo el surco apenas iniciado.