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17 junio 2027

Vida de familia

17 de junio de 1964
Vida de familia

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

El coche se detiene ante la puerta de Villa delle Rose. Escrivá desciende con agilidad, con prisa, con ganas de ver pronto a su hijas. Se vuelve y toma del asiento un par de paquetes. Le ilusiona traer algún regalo cuando viene a estar con ellas. Unas veces son dulces; otras, unas patas de cerámica o algún bibelot de adorno para la casa. Hoy, 17 de junio de 1964, trae unos discos y un abanico antiguo. Sabe que hacen colección.

Al poco rato, están ya en animada tertulia. La norteamericana Joan McIntosh acaba de hacer una pregunta tan simple y tan compleja como cuando un niño pregunta a su padre:"¿y tú por qué me quieres?" Para responder, debería bastar un sencillo "porque sí", sin meterse en más honduras. Joan quiere saber, ni más ni menos, que por qué el aire y el alma de la convivencia en la Obra es de "vida en familia". A ella, sin duda, todavía le asombra y le maravilla constatar que no es algo artificiosamente pretendido, ni el resultado de un esfuerzo voluntarista, ni una afectada imitación; sino un modo de vivir natural, espontáneo, auténtico, genuino.

Escrivá la mira, sonriendo:

- Tú, como profesora que eres, sabrás explicarlo perfectamente a los demás...Lo que pasa es que te gusta oírmelo decir, ¿verdad? Tú sabes que la llamamos "vida en familia", porque en nuestras casas existe el mismo ambiente que hay en las familias cristianas. Nuestras casas no son colegios, ni conventos, ni cuarteles; son hogares donde viven personas que tienen la misma filiación; llamamos Padre al mismo Dios, y Madre a la misma Madre de Dios. Y, además, nos tenemos un cariño verdadero.

Al llegar a este punto, Escrivá hace un gesto de fuerte elocuencia, entrelazando los dedos de ambas manos como si ensamblase los mimbres de un cesto. Y así, apretando las manos con vigor, a modo de pieza enteriza subraya:

- ¡Nos tenemos un cariño verdadero! ¡No quiero que nadie se encuentre solo en la Obra!

Cuántas veces, comentando de sí mismo que no es "modelo de nada" y que "el único modelo es Jesucristo", ha hecho una salvedad: "yo, si en algo puedo ponerme de ejemplo, es...de hombre que sabe querer".

Sabe querer. Eso lo palpan quienes conviven bajo su mismo techo, siquiera sea de paso y por unas horas: "Junto al Padre, te sientes atendido, cuidado, bien tratado, querido... Recibes siempre más de lo que pedirías. Siempre más de lo que tú mismo creías necesitar". "No es que tenga una magnífica memoria y, al verte se acuerde del problema de aquel amigo tuyo o de la enfermedad de tu madre. No. Es que el problema de tu amigo y la enfermedad de tu madre le interesan de verdad, los lleva en su corazón..., porque tiene un corazón grande". "Un buen día amanecí con un grano en plena punta de la nariz. Durante toda la mañana si me encontré con dieciocho personas por la casa, los dieciocho, uno a uno, indefectiblemente, me informaron de que...¡tenía un grano en la nariz! En algún momento pasó el Padre por donde yo estaba trabajando. No me dijo nada. Al poco rato vino alguien con un tubo de pomada: "de parte del Padre, para que te la pongas en ese grano".