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31 de mayo de 1960
Morir de mal de Amor
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
Cuando Josemaría es un joven sacerdote y escribe aquellos puntos de Camino que él con buen humor llama "gaiticas". Ya deja entrever lo costoso que puede resultarse quedar al final de su vida "varado" en el lecho de una larga enfermedad: "Me hablas de morir 'heroicamente'.- ¿No te parece más 'heroico' morir inadvertido, en una buena cama, como un burgués..., pero de mal de Amor?"
Entiende y acepta que esa normalidad "de morir en la cama" es lo más congruente con la espiritualidad del Opus Dei que no pide a su gente vocación de mártires, ni vocación de héroes. Pero él preferiría una muerte rápida, a ser posible, en activo. Trabajando. En el tajo. Así se lo dice, un día de mayo de 1960 a sus hijos:
- Yo le pido a Dios que me pueda vestir hasta el último día. Más razonable es -también para el espíritu del Opus Dei- que me muera tranquilo, en la cama, como un buen burgués... Pero por mi gusto, ¡hasta con los zapatos!
Y así será, Josemaría vivirá su última jornada con una actividad madrugadora, intensa, cronometrada, sin pausas. Y morirá como deseaba. De pie, con los zapatos puestos y en el cuarto de trabajo.
Ese día final, el 26 de junio de 1975, se levanta muy temprano, como siempre. Se viste la sotana nueva, porque piensa salir de casa. Hace media hora de oración, como acostumbra cada mañana. Le cuadran hoy y siempre las palabras del Mío Cid: La oración fecha cabalgaba. Ese es el arranque de su quehacer.