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7 abril 2027

Admisión de Enrica y Encarnita

7 de abril de 1941
Admisión de Enrica y Encarnita

Ana Sastre

Tiempo de caminar

Mientras tanto, en Valencia, una hermana de Paco Botella también ha establecido contacto con el Opus Dei. Durante uno de los viajes que el Fundador de la Obra hace a la ciudad del Turia, le dicen a Enrica Botella que el Padre desea conocerla. En Samaniego, pasa a una salita próxima a la entrada y allí ve a un sacerdote alto, con gafas, que le saluda cordialmente y exclama:

-«¡Eres igual que Paco!...».

Pedro Casciaro interviene:

-«¿No le conoces? Es don Josemaría Escrivá de Balaguer».

-«¡Ah!... ¡El autor de "Camino"!...».

El Padre, de un modo llano y cordial, habla a Enrica de su familia: del agradecimiento que la Obra tiene a sus padres y del afecto que todos profesan a su hermano Paco. Enrica se asombra de que les conozca tan bien y del cariño que rezuman sus palabras. Ha ido acompañada de su prima, Teresa Espinós, y a las dos les enseña con detalle el oratorio de Samaniego. Cada gesto, cada inclinación ante el altar, es una manifestación de fe que no les pasa inadvertida. Y se sienten inexplicablemente impulsadas a colaborar en cualquier tarea que quiera encomendarles.

Unas semanas después Paco hablará de la Obra a su hermana mayor, y le explicará la vocación al Opus Dei para santificarse en medio del mundo. Así se lo ha pedido el Padre.

Enrica no ha sentido nunca la llamada especial a esta dedicación. Ha pensado en crear un hogar propio, y así se lo hace saber a su hermano de un modo rotundo.

Sin embargo, un año más tarde, cuando tiene noticias de una nueva llegada del Fundador a Valencia, se acerca a saludarle: -«Padre, mi hermano me ha hablado de la Obra». El Padre le contesta:

-«Estoy pidiendo tu vocación».

Enrica no puede explicarse el fenómeno, pero desde aquel momento se siente ya en el Opus Dei. Hay tal fe en aquellas palabras que le resulta imposible suponer que no se realizará lo que el Padre y su hermano están pidiendo a Dios. Se llena de seguridad para emprender un arduo camino con la esperanza de alcanzar la meta. El 7 de abril de 1941, pedirá la admisión en el Opus Dei.

A finales de marzo de 1941, el Padre dirige unos ejercicios espirituales para mujeres en Alacuás (Valencia). La noticia de que las meditaciones correrán a cargo del autor de «Camino» se ha extendido por la ciudad. La casa está llena. Incluso hay un grupo que debe regresar diariamente a Valencia porque ya no quedan más habitaciones.

Entre las que asisten se encuentra Encarnación Ortega. Es muy joven, rubia, con los ojos claros. Y un perfil que subraya el gesto de decisión y firmeza. Sin embargo, no le trae a Alacuás ningún ideal determinado. Prefiere observar de lejos, en una indagación que puede o no resultar interesante.

Ya en la primera meditación le sorprende la fe palpable de este hombre que asegura, con certeza contagiosa, que Dios está allí. Una fuerza que no podía prever le pone en presencia de Jesucristo. Tampoco acierta a explicarse muy bien por qué decide, aquella tarde, hablar con el Padre. Desea simplemente oír alguna visión esperanzada del mundo, del trabajo, por parte de este sacerdote que parece poseer una fe viva y consecuente. Y el Padre, después de un brevísimo preámbulo, le habla de la Obra: de la santidad en las tareas cotidianas, de permanecer en el mundo para elevarlo a Cristo, de la inquietud apostólica de los primeros cristianos, de la filiación divina, de la sinceridad, lealtad y alegría, para enrolarse en esta empresa de Dios.

Encarnita se siente deslumbrada por esta panorámica. Y se asusta. No comprende que Dios pueda solicitar su vida sin preámbulo alguno. Hace el propósito de no indagar más, pero no puede silenciar este grito dentro de su alma. Su ánimo oscila en sentimientos contradictorios. El último día, cuando don Josemaría la llama para despedirse, todo se calma, se apacigua. Le inunda una decisión firme y tranquila. Una seguridad honda, casi sobrecogedora.

-«Sólo quería decir una cosa: que estaba dispuesta a todo».

El Fundador le explica, entonces, la dureza del camino que va a emprender: pobreza, disponibilidad, renuncia a toda conveniencia personal... Pero ya no importa nada. Esta mujer ha tomado su decisión. Al día siguiente, conocerá a Enrica Botella. Son, en esa fecha, las dos únicas vocaciones femeninas del Opus Dei en Valencia.

A lo largo de estos meses, el Padre vendrá muchas veces desde Madrid. Se ocupará personalmente de su formación. Otras amigas empiezan a frecuentar su dirección espiritual.

Un alto número de vocaciones se aproxima.

El Padre les habla del verdadero espíritu de la mujer fuerte: aquella que en pie, como la Virgen junto a la Cruz, ante el amor y la dificultad, mantiene la alegría y el esfuerzo. Esa cuya luz no se apaga ni siquiera en medio de la noche, porque Dios, eternamente en vela, está impulsando sus manos y su corazón.