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11 de abril de 1930
Facilidad para hacer amigos
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
Puede entrar en el corazón de sus amigos porque, antes, se los ha metido en su propio corazón. Un cariño noble y sincero le da franquicia a la intimidad de ése y del otro y de aquél... Por ello, su apostolado será siempre personalísimo: "de amistad y confidencia". Y esa amistad leal con los hombres la apoya sobre el firme de una amistad leal con Dios. Él quiere a los hombres por lo que Dios les quiere. Busca en los hombres el rastro de Dios. Por eso, ningún amigo puede salirle "rana".
Y tiene una facilidad prodigiosa para hacer amigos. Pero no es de esos hombres que confunden la amistad con la mera relación social, o con el trato de cortesía. No. Escrivá sigue, atiende, cultiva y cuida a sus amigos: les visita; les escribe; les invita a su casa, se interesa por su salud y por la marcha de sus trabajos; está al tanto de los sucesos alegres o tristes de su familia; les hace un favor si está en su mano; saca tiempo de donde puede para ocuparse de su pequeña o grande necesidad; y, si llega la ocasión, da la cara por ellos. En dos palabras: sabe quererlos.
Pedro Cantero Cuadrado, que llegará a ser Cardenal y Arzobispo de Zaragoza, es uno de tantos buenos amigos de Escrivá. Lo es desde el primer encuentro fortuito, en aquel viejo caserón de la calle de San Bernardo de Madrid, sede de la Universidad Central, en 1930. Allí, un día de septiembre, en el ajetreo de los exámenes, se conocen los dos jóvenes sacerdotes. "Enseguida -evoca Cantero- se estableció entre nosotros una corriente de confianza mutua. Nos dimos nuestras direcciones. Empezó así una amistad que duraría toda la vida (...) Era una amistad recia y estrecha. Josemaría fue entrando poco a poco en mi alma, haciendo un verdadero apostolado de sacerdote a sacerdote".
Nunca olvidará Pedro Cantero aquel atardecer del 14 de agosto de 1931 cuando, inesperadamente, Josemaría se presenta en su casa de Madrid. Hace un calor de bochorno y en el cielo de la ciudad aún parece flotar el humo de la violenta quema de iglesias y conventos. Pedro está decidido a dedicar el tiempo a su tesis doctoral. Ha disfrutado de unas vacaciones en Ginebra, donde ha recogido material para esa tesis. Al entrar Josemaría en su cuarto, le sorprende enfrascado en los libros. Pedro le cuenta el plan de su vida. Josemaría le escucha. A continuación, con palabras claras, incisivas y penetrantes, aunque empapadas de afecto y de amistad, le dice:
- Mira, Pedro, estás hecho un egoísta. No piensas más que en ti y en tus estudios. Y no tienes más que abrir los ojos, para ver cómo está la Iglesia hoy en España... y como está España misma. Son momentos difíciles y tú y yo en lo que tenemos que pensar es en el servicio personal que podemos y que debemos prestar a la Iglesia... ¿Tu tesis? ¿Tus libros? Déjame que te diga que ahora lo que hay que hacer es ocuparse en las otras cosas... muy superiores.
A finales de ese mismo verano, Pedro Cantero decide poner entre paréntesis su opción intelectual y universitaria: Habla con Ángel Herrera Oria, y le dice que está a su disposición para trabajar con la recién fundada Asociación Católica de Propagandistas. El consejo exigente y valiente de Escrivá ha imprimido un nuevo rumbo a su vida.
"Las palabras de Josemaría me urgían por dentro. Cuando volví a verle y le conté mi decisión, se alegró vivamente. Nuestro trato se hizo más intenso. Me animaba a trabajar incesantemente..."