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28 de marzo de 1939
Retorno a Madrid
Pedro Casciaro
Soñad y os quedaréis cortos
Esperé en la Capitanía General de Valencia, donde me habían destinado, bastante ansioso, la definitiva liquidación de la guerra. Al fin, fui desmovilizado y pude volver, gracias a un simple oficio firmado y sellado por el Jefe de Estado Mayor, a mi condición de ciudadano civil. Me dirigí a Madrid, en busca del Padre.
¿Dónde encontrarle? El edificio de Ferraz 16 había sido destruido totalmente. Me enteré luego de que el Padre había llegado a Madrid el 28 de marzo y había visitado los escombros de la Residencia al día siguiente. Había encontrado allí, entre las ruinas, el texto escrito en latín sobre papel pergamino con el precepto del amor que había hecho colocar en la sala de estudio de la Residencia para enseñar de un modo gráfico el valor de la fraternidad: Mandatum novum do vobis..., "Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor entre vosotros" (Juan 13, 34 y 35).
Al final supe que el Padre estaba viviendo desde el día 29 en el viejo edificio de la Casa Rectoral de la calle Santa Isabel. La iglesia había quedado destruida por un incendio provocado en julio del 36, en el que había perecido pasto de las llamas -entre otras obras de arte- un cuadro de Ribera que servía de retablo al altar. En cambio, la Casa del Rector y la de los Capellanes, aunque requerían serias reparaciones, no habían sido dañadas ni por la artillería ni por la aviación. La casa rectoral había sido utilizada por un Comité o un sindicato revolucionario y cuando el Padre y los que le acompañaban llegaron allí estaba todavía puesta en el balcón la bandera blanca de la rendición.
Contaba Paco que cuando entraron en la cocina se encontraron con la comida hecha: estaba claro que los soldados habían tenido que abandonar precipitadamente el edificio. "Pusimos unos cazos del rancho en platos de soldado -relataba Paco- y nos los llevamos al piso del Rector del Real Patronato. Eran garbanzos guisados. Alguien dijo que podían estar envenenados, pero no prevaleció esta hipótesis. Teníamos hambre".
Me encontré de nuevo con el Padre, que me indicó enseguida que marchara cuanto antes a Albacete [para ver a mis padres].