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26 de marzo de 1974
Los regalos de Reyes
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
Cada año, en la fiesta de Reyes, que en Italia llaman la befana, la "sorpresa" para Escrivá suele ser una pequeña agenda de bolsillo tipo Luxindex-minor. Y, una vez y otra, toma el regalo como una novedad. Pero, antes se desprende de la que venía usando: siempre hay algún espabilado que consigue hacerse con la agenda del Padre, ponderando bien su futuro valor de "reliquia".
En las navidades de 1974, -las últimas de su vida-, las de Villa Sacchetti y la Montagnola quieren regalarle un portarretratos de sobremesa con las fotografías de don José Escrivá de Balaguer y de doña Dolores Albás y Corzán, los padres de Josemaría, "los Abuelos" para toda la familia de la Obra. Ya está buscado el tríptico, que tendrá en su cuerpo central una imagen de la Virgen de Torreciudad, a la que Escrivá debe su curación milagrosa siendo un niño de dos años.
En esos preparativos están, cuando Álvaro del Portillo les indica que no sigan adelante:
- El Padre se ha enterado y ha dicho que no os molestéis en hacerle ese regalo: "Si mis hijas y mis hijos no tienen en su habitación la fotografía de su familia, yo tampoco puedo tener la de mis padres".
Siempre encuentra una buena razón para declinar el obsequio: Si es un juego de cepillos y peine, de tocador, lo rehusará diciendo "¡esto es demasiado bueno para usarlo yo"! Si son unas zapatillas, porque "las que tengo, aún están de muy buen ver". Si es una chaqueta de punto, "ésta que llevo, todavía tiene que dar mucho juego... ¿o acaso queréis que deje de vivir la pobreza?". Si es un televisor en color, regalo de las de Alemania en 1975, "el Padre está mucho más contento sabiendo que ese televisor lo disfrutan sus hijas de Roma".
Hay, en verdad, una especie de pugna suave entre ellas, de una parte, para adivinar qué cosa puede apetecer o ilusionar al Padre; y, de otra parte, Escrivá, desprendiéndose del regalo, sin que ellas queden decepcionadas. Al poco tiempo entienden que sólo acepta esos objetos que se puedan dedicar al culto divino, en cualquier lugar: casullas, palias bordadas, cálices, copones... Ahí sí, ahí todo gasto le parece poco.