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23 de marzo de 1995
Muere don Pedro Casciaro
Inédito
Algunas fechas de la vida de san Josemaría
En el fax que don Rafael Fiol envió a don José María Casciaro a Pamplona, pocas horas después del fallecimiento de don Pedro, le decía: "México, D. F. 24 de marzo de 1995.- Muy querido Pepe: Anoche a las 22:40 se nos fue al Cielo. Poco antes nos encontrábamos en la Basílica de Guadalupe en la Misa por don Álvaro, que presidía el Cardenal Corripio. Cuando le dije antes de la Misa que don Pedro estaba muy grave, pidió que en la oración de los fieles hiciéramos una mención especial por él. Al terminar la Misa fui deprisa a su casa (Dickens). Llegué cuando faltaba una hora para que el Señor se lo llevara. Todo ese día se le acompañó con especial cariño, rezando a su lado para confortarle. Aunque estaba poco consciente, oía lo que se le decía. Hacía, por ejemplo, intentos de persignarse cuando le daban la absolución. A partir de las 5:00 pm entró en coma. Tuvo en sus manos en todo ese tiempo un rosario y el crucifijo que le regaló nuestro Fundador cuando pidió la admisión en la Obra, que le acompañó toda su vida y que conservaba como un tesoro.
Estaba además preparadísimo y purificado por la manera tan heroica y sobrenatural con que llevó la enfermedad hasta el final. Después de su fallecimiento celebré la primera Misa y llamé por teléfono al Padre: me dijo que ya teníamos otro santo en el Cielo, que le encomendáramos con mucho cariño y nos encomendáramos a él. A las pocas horas ya teníamos una carta suya que nos llegó por fax. Nos decía que esta coincidencia de fechas era señal de que el Señor le había estado cuidando todo ese tiempo y que don Álvaro le había recibido personalmente en el Cielo.
El Padre se refirió a este descanso eterno de don Pedro -hijo fidelísimo de nuestro Padre- que, para él, es un Cielo muy grande, al lado de nuestro Padre y de don Álvaro, por haber estado muy unido siempre a quien hacía cabeza en la Obra; también nos decía que recientemente don Pedro había manifestado su deseo de poder ver cara a cara a la Trinidad Beatísima, que la Virgen ya le había concedido. Finalmente el Padre nos animaba a todos a tomar su relevo, el de la fidelidad total, para hacer la Obra como la hizo él, dejándose toda la vida en esto.
El funeral fue en la parroquia de la Santa Veracruz. Muchísima gente le acompaño durante casi siete horas. Desfilaron personas continuamente para besarle y pasar rosarios y otros objetos por sus manos. El ambiente era de un inmenso cariño y agradecimiento, con la emoción que suponía para todos recordar que don Pedro se había gastado hasta el final y allí estaba parte de los muchos frutos de su entrega generosa y total a la vocación. En la homilía me referí a que ahora desde el Cielo sí podía decir lo del "Soñad y os quedaréis cortos", porque ya lo estaba viendo en Dios. Cuando salía el féretro, todos le despidieron con un atronador aplauso. Con su marcha al Cielo se ha cerrado una época única y singular de la historia de la Obra en esta Región.
El Padre se ha referido a que desde el Cielo nos ayudará mucho a todos en la vida interior y en la labor apostólica para poder llegar a muchas más personas". El 24 de marzo el Padre le escribió una carta a don José María Casciaro, y le decía, entre otras cosas: "Muy querido Pepe: ¡que Jesús te me guarde! - Con el corazón lleno de dolor, te escribo estas líneas para compartir contigo la pena por el fallecimiento de nuestro queridísimo Pedro (q.e.p.d.). Aunque sabíamos que podría dejarnos en cualquier momento, es muy dura la separación de ese hijo tan fiel de nuestro Santo Fundador: ¡cuánto he rezado en estos meses para que se recuperara! Pero el Señor ha dispuesto que ahora nos ayude desde el Cielo, con la eficacia de su intercesión, después del estupendo ejemplo de entrega que nos ha dado, también durante su enfermedad, llevada con el garbo y la visión sobrenatural con que ha vivido siempre (...). José María, te encomiendo de modo muy particular en estos momentos, para que sepas ser tan leal como lo ha sido durante sesenta años tu hermano. Acude a Pedro con frecuencia y confíale mis intenciones (...). Con muchas ganas de verte, te bendigo con inmenso cariño, tu Padre +Javier". Durante su estancia en México en agosto de 1995, el Padre fue a rezar a la tumba de don Pedro. Se fijó en el mármol que se había colocado y dijo que seguramente a don Pedro le habrá gustado mucho.