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8 febrero 2027

Pide perdón al equivocarse

8 de febrero de 1961
Pide perdón al equivocarse

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

Al pasar por la Gallería dei Torrione, ve que la pintura de una pared se ha corrido y desdibujado, sin duda por el roce de la balleta. Se lo dice a Mercedes Morado y a María Portavella, que están limpiando en esa zona de la casa. Les advierte de la importancia de "cuidar mucho lo poco", y de cómo "si se desatienden las cosas pequeñas, en poco tiempo esta casa, que está hecha para durar siglos, puede acabar convertida en una ruina". Después, dirigiéndose en directo a Mercedes, le indica:

- Y tú, como directora, eres responsable. Esto no habría ocurrido si, en la praxis de limpieza, se hubiese especificado bien cómo debe quitarse el polvo en este tipo de paredes decoradas al temple... Ahora, hazme el favor de avisar a Helena y que le dé un retoque a esa pintura, ¡antes de que vaya a más!

A la mañana siguiente, Escrivá se acerca a Helena:

- ¿Dónde está Mercedes?

- Ahora mismo debe de estar en el segundo piso...

- Pues sube un momento, y dile de mi parte... que ayer la reñí por una cosa en la que yo no llevaba razón: Lo que yo decía que no estaba especificado en la praxis, sí estaba. Lo he visto después. Ve, por favor, y dile que el Padre lo siente muchísimo: que me perdone.

"Por favor". Así lo pide todo. Y no es sólo por un sentido innato de las buenas maneras y de la corrección social. Escrivá aborrece los despotismos, las tiranías, las órdenes imperadas desde cualquier atalaya de autoridad. Vive y enseña a vivir que "el mandato más fuerte en el Opus Dei ha de ser siempre un por favor". Así incentiva la obediencia libre -inteligente y voluntaria- de quien se identifica con aquello que se le pide, lo asume como algo propio, lo personaliza.

Precisamente, porque sabe que la gente del Opus Dei está dispuesta a obedecer, con naturalidad, sin transfondos de servilismo, como una condición sine qua non de su entrega, el Fundador desea que esa obediencia sea deliberada, reflexiva, fruto de un querer libérrimo. Sólo así tendrá el mérito de la virtud. Castizamente, les dice muchas veces que "la razón más sobrenatural para obedecer es... ¡porque me da la gana!"