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27 de febrero de 1946
Unidad de vida
Ana Sastre
Tiempo de caminar
A partir de febrero de 1931, el Fundador del Opus Dei utiliza en sus apuntes y textos, la expresión «unidad de vida» como un punto de encuentro en el que confluyen las características del espíritu del Opus Dei. Un modo de ser y hacer que constituye la síntesis de su mensaje espiritual. Para un miembro de la Obra es la totalidad de su experiencia espiritual transformada en vida cotidiana, forjada en el molde de su condición laical y secular.
Esta «unidad de vida» se establece en dos vertientes: una interior de oración, de sacrificio, unión con Cristo que lleva a los hijos de Dios a ser contemplativos en medio del mundo; otra, profesional y social de donde arranca la proyección apostólica y que es visible y externa. Como se ha escrito recientemente, este modo de ser fue descrito por el Fundador de modo completo y gráfico en una Instrucción de marzo de 1934. En un párrafo breve, hacia el final del documento, dibuja los «ideales» que dan sentido al Opus Dei: «unir el trabajo profesional con la lucha ascética y con la contemplación -cosa que puede parecer imposible, pero que es necesaria, para contribuir a reconciliar el mundo con Dios-, y convertir ese trabajo ordinario en instrumento de santificación personal y de apostolado.
¿No es éste un ideal noble y grande, por el que vale la pena dar la vida?».
Pero, ¿cuáles son las líneas maestras que configuran esas resultantes finales? Podríamos señalar, en primer lugar, el descubrimiento de que las realidades temporales, el horizonte completo del mundo, puede ser santificado. El espíritu de Cristo, inserto en la vida de los hombres y mujeres cristianos, puede infiltrar capilarmente la actividad de todos los seres humanos. Y lograr así una plenitud de paz, de amor al mundo y a todo el contenido positivo de la historia.
Y, ¿cómo elevar las cosas del mundo a un orden nuevo que las oriente hacia su mejor y último destino en la eternidad?
Por obra y gracia de un gran número de personas, de todos los estados y condiciones, que se sienten llamados por Dios a vivir la fe cristiana con plena radicalidad, mediante un compromiso profundo y decisivo. Este compromiso se establece como respuesta a una llamada de Dios, personal, y que afecta a la totalidad de la existencia.
Por tanto, una persona del Opus Dei se siente llamada por Dios a llenar su vida y el ámbito de su actividad, del espíritu de Cristo.
Son muy sugerentes los pasajes evangélicos en los que se narra la muerte de Lázaro; los caracteres de Marta y de María, el aire cotidiano, afectuoso y propio, con el que Dios Hombre y los suyos cruzan aquel umbral. Todos hemos imaginado el día en que Lázaro vuelve, por la Voz de Jesús, a un nuevo encuentro con la vida.