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23 de febrero de 1946
Gestiones para la aprobación romana de la Obra
Ana Sastre
Tiempo de caminar
En Roma, Salvador Canals ha logrado, a través del Cónsul de España, Mario Ponce de León, alquilar un piso amueblado en buenas condiciones. La entrada se abre al Corso del Rinascimento, pero todos los balcones se asoman a la belleza de la Piazza Navona. Allí, frente a los grupos escultóricos de Bernini que representan la fecundidad y los grandes ríos del mundo, se instala el primer sagrario de la Obra en Roma. Un mueble pequeño, de madera oscura, sirve como mesa de altar. Dos candeleros bajos; el Crucifijo presidiendo. Cubre la pared frontal un tapiz que han comprado a un anticuario de Nápoles. En el ángulo superior izquierdo, una lámpara de brazos.
Esta casa les acogerá un breve tiempo: desde febrero a junio de 1946. Durante estos meses, don Álvaro celebrará diariamente la Santa Misa en este oratorio y rezarán, unidos a su ofertorio, por el reconocimiento jurídico que la Obra desea para desbordarse, con la bendición de la Iglesia, por todos los caminos del mundo.
Aquí, en este suelo fértil por la sangre y la palabra de los Apóstoles, por la presencia constante del Vicario de Cristo entre los hombres, ha de prender pronto la semilla de la Obra.
Pero la gestión no va a ser fácil. Plantear un nuevo camino a las Congregaciones de la Curia Romana será una empresa ardua. Desde el primer momento se presentarán obstáculos y dificultades que parecen conducir hasta un callejón sin salida.